Miguel Zugaza

'El sector cultural puede ayudar a salir de la crisis'

Procede de una familia ligada al mundo de la cultura y orientó su carrera hacia el arte. Ha modernizado la mayor pinacoteca del mundo.

Desde hace siete años pilota el Museo del Prado, donde ha liderado las obras de ampliación de esta institución. Miguel Zugaza, nacido en Durango (Vizcaya) hace 45 años, ha sido director de conservación en el Museo Reina Sofía y director del Museo de Bellas Artes de Bilbao.

¿La crisis ha llegado al Museo del Prado?

El Prado está dentro de la realidad que afecta al ciudadano. El turismo internacional está dejando de visitarnos y además somos una institución pública que depende de los presupuestos. La cultura es un sector que no está en crisis aunque puede estar afectado, pero el valor de nuestro patrimonio cultural es uno de los campos que puede contribuir a salir de esta crisis. No hay que olvidar que el conjunto del paseo del arte de Madrid se refiere al itinerario del Paseo del Prado donde están ubicados además El Museo Thyssen-Bornemisza, el Centro de Arte Reina Sofía y Caixa Forum atrae a más de cinco millones de visitantes al año. Antes de que existieran el Thyssen y el Reina Sofía, el Prado ya atraía a más de un millón de visitantes, y ahora la oferta es extraordinaria y se debería potenciar.

'Un parado del sector de cultura es tan importante como un parado de la automoción'

¿Los museos que cita son competencia?

Existe complementariedad, ya que hay una estrecha relación en cuanto a la oferta. Somos una competencia saludable y lo que hacemos es motivarnos.

El programa de exposiciones temporales, que apuesta por autores más contemporáneos, choca con la política tradicional del Prado y se entendería mejor en otros museos.

Nuestra apuesta con las exposiciones temporales es superar el límite temporal. La última exposición que hemos tenido de Francis Bacon encajaba perfectamente porque se veía el old master y las referencias a Velázquez, pintor que conserva el Museo del Prado.

¿En momentos de incertidumbre es cuando hay que desarrollar una mayor creatividad?

Siempre hay que tener activo el pensamiento, sobre todo en instituciones que ya están instauradas y cumplir con unos objetivos, como es poner a disposición de los visitantes el magnífico tesoro cultural que tenemos. Hay que repensar todo sin traicionar la filosofía del Museo, siempre abriendo puertas y ventanas.

Hace siete años que llegó al Prado, ¿cuál ha sido su contribución?

La mejor experiencia, sin duda, es convivir con las personas que trabajan aquí y que destacan por su gran profesionalidad. Y devolver el museo a la sociedad. Más allá de la ampliación del museo lo que se ha hecho es un gesto de volver a convocar a la sociedad, a que éste sea un lugar de estudio, de celebración del arte. El Prado era un museo cerrado por el propio comportamiento de la institución, donde el visitante no era el objeto principal.

¿En qué se diferencia un gestor cultural del consejero delegado de una gran corporación?

Yo soy historiador del arte metido a gestor, sucede lo mismo cuando un médico se ocupa de gestionar un hospital. Tienes que tener una enorme responsabilidad y destinar tiempo a ello, sobre todo cuando se está al frente de una institución de este tipo para la que hay que tener una doble mirada. Es imposible gestionar una institución como el Prado atendiendo sólo a un criterio, hay que combinar la gestión con el carácter cultural. Cuando llegué al Museo del Prado, procedente del Bellas Artes de Bilbao, cambié de ciudad y de escala de misión, pero no modifiqué la esencia de entender un museo.

Algo habrá aprendido...

Lo que más me ha sorprendido es la calidad de las personas, unas 400, que trabajan aquí porque siempre han sido criticadas, pero se trata de profesionales con ganas de aspirar a desarrollar grandes proyectos porque además la calidad del museo y de trabajar en él es el mayor privilegio. Al mismo tiempo, con la ampliación del museo se ha realizado una reforma de configuración jurídica en la estructura de la organización, de manera que disponemos de un modelo saludable, que nos concede más autonomía y nos permite responsabilizarnos de la gestión y elevar nuestro presupuesto. Hemos pasado de 20 a 46 millones de euros de presupuesto ordinario y tenemos la responsabilidad de incorporar más recursos propios.

¿Qué porcentaje proviene de los Presupuestos del Estado?

Un 60% proviene de financiación pública y el 40% de recursos privados que el museo es capaz de generar. El año pasado conseguimos equilibrarlo a un 50%, pero este año, debido a la realidad económica, no llegaremos a esa cifra. El handicap que tenemos es fidelizar y ampliar el número de patronos del museo. Debido a la crisis hemos tomado una serie de medidas para tratar de mantener la capacidad de financiación, como es una modificación en la política de precios. Queremos potenciar las visitas con reservas, porque de siempre se han criticado las largas colas que se generan en el Prado, y vamos a bajar dos euros las entradas que se soliciten por internet e incrementar el precio en dos euros en la venta en taquilla. Tenemos un programa anticrisis para exposiciones.

¿Podría detallarlo?

Acabamos de finalizar la exposición de Bacon y para finales de mayo inauguraremos una muestra de Sorolla que será un gran acontecimiento. Buscamos el interés del visitante. Este año creemos que va a bajar un 15% el número de visitantes. Desde junio de 2008, la cifra de visitas internacionales, sobre todo de Japón, ha descendido y tenemos que compensarlo con el público nacional. Lo bueno del Prado es que sigue siendo muy austero. Tras la ampliación no hemos crecido de formar desorbitada y vamos a poder conducir la situación. Lo que hay que hacer es tratar de convencer a la Administración de que la cultura puede contribuir a sacarnos de la crisis, hay que apostar e invertir más.

¿Se ha reunido ya con la nueva ministra de Cultura, Ángeles González- Sinde?

Sí, y me parece prudente y con sentido común. La ministra, como César Antonio Molina, cree que la cultura, por su dimensión económica, se merece un esfuerzo porque produce un enriquecimiento económico. Un parado en el mundo de la cultura es tan importante como un parado del sector de la automoción.