COLUMNA

Contribuyentes, liquidez y Agencia Tributaria

Nadie desconoce ya ni la gravedad de la actual crisis económica ni que una de sus características es la falta de liquidez del sistema. Sin embargo, no todo el mundo es consciente de la multiplicidad de los efectos colaterales derivados.

Uno de los citados efectos recae sobre la Agencia Tributaria. Las empresas españolas, ante su acuciante falta de liquidez, básicamente ocasionado por el terrible credit crunch que impera entre nuestras entidades financieras -pese a los fondos públicos recibidos-, están optando masivamente por financiarse mediante la solicitud de aplazamientos en el pago de sus impuestos.

Las cifras son elocuentes. El número de solicitudes de aplazamiento presentadas en el año 2008 (un total de 666.000) superaron en un 33% a las solicitadas en el ejercicio precedente (ese año se alcanzaron las 501.000). No obstante, el crecimiento experimentado en el importe de las deudas cuyo aplazamiento se solicitó resultó aún mayor. Así, durante 2008 se pidieron aplazamientos de deudas tributarias por importe de 9.600 millones de euros, aumentando un 63% respecto del ejercicio precedente. Fruto de los datos anteriores, en 2008 se produjo un crecimiento del 22% en el importe medio de la deuda que se pretende aplazar.

Pues bien, durante 2009 la tendencia se ha agudizado. Así, según datos de la Agencia Tributaria, tan sólo los aplazamientos solicitados por IVA en los dos primeros meses del año superan en 1.240 millones de euros los habidos por el mismo impuesto y periodo en 2008. Este dato permite anticipar que en 2009 los datos finales de aplazamientos pulverizarán los espectaculares registros de 2008.

Las causas han sido apuntadas: ausencia general de liquidez y credit crunch. Veamos sus consecuencias para la Agencia Tributaria.

Primero, la avalancha de aplazamientos que se solicitan ha colapsado el funcionamiento de los servicios administrativos responsables de su tramitación que, dimensionados para una carga de trabajo inferior, están completamente desbordados. Obtener hoy un aplazamiento de deuda tributaria lleva cinco o seis meses -duplicando y/o triplicando el tiempo habitual-.

Segundo, al solicitar un aplazamiento, de entrada se deja de ingresar el correspondiente importe y, de lograrlo, el ingreso se efectúa fraccionadamente a lo largo de un periodo que puede llegar hasta los cinco años.

Como consecuencia, está produciéndose una significativa minoración en la recaudación de la Agencia Tributaria. Como lo anterior se añade a la drástica reducción de cuotas tributarias que resultan a ingresar debido a la crisis económica -la disminución de empleo, ventas y beneficios provocan una generalizada disminución de las bases imponibles en todo los impuestos-, resulta explicado el bajonazo de nuestros ingresos impositivos.

Veamos. Durante los dos primeros meses de 2009, la recaudación de la Agencia Tributaria es un 12,6% inferior la del mismo periodo de 2008 -disminuyen todos los impuestos: 9,2% el IRPF; 17,6% el IVA, y 17,3% el impuesto sobre sociedades-. Como la recaudación de 2008 disminuyó también significativamente sobre la de 2007 -en total, un 13,5%-, es fácil deducir que la recaudación total en 2009 está resultando ¡un 25% inferior a la de 2007!

Al margen de lo expuesto, interesa resaltar que, al menos en una cuestión, los contribuyentes españoles estamos de enhorabuena.

En efecto, el pasado 28 de marzo el Consejo de Ministros aprobó, a propuesta del ya ex ministro Pedro Solbes, una disposición que redujo al 5% el interés de demora que ha de pagarse por los aplazamientos persistentes y por los que se obtengan a partir de ahora (antes era el 7%). Por ello, Solbes -tantas veces criticado en esas páginas-, merece en esta ocasión, nuestro aplauso, dado que la situación precedente era insostenible (ver CincoDías del 22 de febrero de 2009).

Ignacio Ruiz-Jarabo Colomer. Ex director general de la Agencia Tributaria y socio de CET-Consulting Tributario