COLUMNA

Una nueva adicción

El Greenspan put está muerto y enterrado. Pero los inversores parecen felices por conseguir la generosidad de Obama. Los mercados de valores europeos y asiáticos ganaron cerca de un 8% el lunes, estimulados por las amplias pero vagas promesas del presidente electo de EE UU.

Mientras el crédito barato tenía aún al inversor drogado de alternativas, las malas noticias económicas se tomaban como una invitación a un agradable analgésico: los recortes de tipos de interés del antiguo presidente de la Reserva Federal Alan Greenspan. Pero incluso la mejor morfina pierde al final su pegada. Así, el índice S&P 500 ha perdido un 40% este año, a pesar de que los tipos de interés oficiales de EE UU se han recortado de la noche a la mañana del 4,25% al 1%.

Si un paciente no responde al primer tratamiento, los médicos cambian a remedios más fuertes y arriesgados. En una economía a trompicones, los déficits públicos llegan cuando la política monetaria falla. Los inversores pueden esperar que se bombee ahora mucho dinero en la economía. Otros Gobiernos están probablemente haciendo lo mismo.

Obama proporcionó cifras sin especificar en su aparición el domingo en televisión, pero los analistas esperan 500.000 millones de dólares en programas de estímulos para 2009. Esto elevará a un billón de dólares de déficit creado por la recesión y los rescates. En total, la generosidad federal ascenderá a más del 10% del PIB.

¿Deben los inversores entusiasmarse con la perspectiva? La resolución de Obama es ciertamente bienvenida, como lo es su énfasis por invertir en infraestructuras en EE UU. Pero necesita esta audacia sólo porque el paciente está en tan mala forma.

Las empresas están reduciendo inversiones mientras los grandes sectores de la economía global -finanzas, construcción, producción de materias primas- se están estrechando. Los inversores bursátiles no quieren reconocerlo. Las compañías no financieras tienen previsto que sus ganancias se contraigan sólo un 2% en 2009, según Société Générale.

El plan de Obama es arriesgado. Incluso si el nuevo presidente gestiona el gasto sabiamente, el dinero para los enormes déficits tiene que venir de alguna parte: impuestos futuros. Cualquier mezcla que haga Obama, los inversores esperan reacciones adversas.

Por Edward Hadas.

Adiós a las megafusiones

Las Bolsas se dirigen hacia el final de la vía de las fusiones. Deutsche Börse ha jugueteado otra vez con unirse al NYSE Euronext pero aparentemente ha abandonado la idea. El acuerdo putativo muestra cómo muchas Bolsas son víctimas de la crisis financiera y cómo muchas que se han adelantado a la consolidación se enfrentan a serios problemas de competencia.

Deutsche Börse tiene un historial de acuerdos fallidos. Ha intentado atraer al London Stock Exchange dos veces; el Grupo SWX, que opera el mercado de valores de Suiza; la Bolsa italiana, y Euronext, que se unió en su lugar al NYSE. Esta unión creó el mayor mercado de valores del mundo. Pero Deutsche Börse se ha defendido contra la amenaza que plantea. El grupo alemán ha expandido su negocio en Eurex, el mercado de opciones que controla, y en Clearstream, su cámara de compensación y liquidación.

Todos los mercados de valores han sufrido fuertes caídas en los precios de las acciones, pero Deutsche Börse ha actuado mejor que la media. El precio de sus acciones ha perdido alrededor del 60% este año -más de 10 puntos porcentuales mejor que el NYSE Euronext-. La capitalización de la Bolsa alemana, de 9.540 millones de dólares, es alrededor de dos veces más que la de NYSE Euronext.

Deutsche Börse también parece que tiene que hacer frente a demandas de dos hedge funds, The Children's Investment Fund y Atticus, para dividirse. De hecho, contemplar seriamente otra vez un acercamiento al NYSE Euronext es un desafío a los gestores.

Pero una unión con NYSE Euronext fue siempre una posibilidad remota. NYSE Euronext tiene aún que completar su integración. También tiene ambiciosos planes de expansión orgánica. Peor aún, los reguladores de EE UU no quieren una operación de compensación transatlántica cuando están discutiendo sobre un órgano central de compensación de derivados negociados electrónicamente. Las autoridades de competencia europeas también tienen dudas sobre la fusión de dos Bolsas dominantes en la zona euro.

Las megafusiones ya no son el camino obvio a la salvación para las Bolsas de Europa. Con la amenaza añadida de recién llegados como Turquía, que está intentado morderles los talones, las grandes Bolsas tendrán que recortar costes, inventar nuevos productos y probablemente cobrar menos a los usuarios.

Por Michael Prest.