COLUMNA

Que vienen los rusos

Al final de su vida, Leon Tolstoi dijo: 'Incluso en el Valle de las sombras de la muerte, dos más dos nunca serán seis'. Pero esta es la clase de aritmética necesaria para que tuviese sentido la idea de que la rusa Lukoil está planeando pagar masivamente por un 29% del capital de la española Repsol.

Los periódicos y las webs de noticias españolas han publicado que la compañía rusa pagaría una prima cercana al 100% sobre el mercado para hacerse con la participación de la endeudada Sacyr y de algún otro accionista. El frenesí creció después de que La Caixa, la mayor caja española, admitiese contactos con un indeterminado comprador por su participación del 12,5%. Si La Caixa también vendiese, el postor tendría que lanzar una OPA por la totalidad de la compañía. La capitalización actual de Repsol en el mercado es de 17.000 millones de euros.

Lukoil, que no ha hecho comentarios, podría muy bien estar interesada en Repsol, cuyas acciones se han desplomado una tercera parte desde principios de octubre. Pero ¿por qué desembolsaría 9.700 millones de euros cuando el precio del mercado es de unos 5.000 millones? Y en el caso de que estuviese dispuesto a pagar este exceso, ¿de dónde sacará el dinero, con Rusia en apuros y los mercados de deuda medio congelados?

Sacyr financió su 20% mediante un crédito a cuenta. Lukoil podría teóricamente persuadir a los bancos prestatarios de la constructora en apuros para que refinanciase parte de la deuda. Estos deberían estar deseando negociar parte, pero no todo, o cambiarlo por un nuevo crédito a nombre de Lukoil. Pero Rusia está patas arriba y pretende mantener intacta su reserva de divisas extranjeras, a rebosar gracias al precio del crudo. Pero la propia Lukoil ha pedido al Gobierno ruso ayuda para refinanciar entre 2.000 y 5.000 millones de dólares de su deuda.

El ministro de Industria español, Miguel Sebastián, ha dicho que haría 'todo lo posible' para mantener Repsol 'independiente y española'. El presidente del Gobierno fue más cauteloso, apuntando que Lukoil es una compañía privada con un gran accionista estadounidense. Esta clase de recibimiento contradictorio debería hacer que la rusa no esté tan ansiosa por pagar una fortuna. Por Fiona Maharg-Bravo

Bancos irlandeses

Irlanda tendrá que tragarse el orgullo de algunos de sus bancos. A finales de septiembre, fue el primer Estado de la Unión Europea en romper filas y garantizar los depósitos de los grandes bancos, después de que sus acciones se redujeran casi a la mitad en un mes.

Con Allied Irish Banks (AIB) y el Banco de Irlanda, aprovisionando una vez más, el Gobierno irlandés se va a ver en el brete de tener que recapitalizar el sector una vez más. Pero ahora se sitúa por debajo de la media, lo que podría amplificar el dolor de los contribuyentes irlandeses.

Los bancos irlandeses se enfrentan a un ambiente hostil. Se espera que los precios de la vivienda caigan un 30%, mientras que el desempleo podría aumentar un 7%. Los bancos están muy expuestos a los riegos del sector inmobiliario, AIB y el Banco de Irlanda registran más del 50% de los créditos hipotecarios del país, lo que ahora podría reportarles pérdidas significativas. El porcentaje de la mora de los créditos inmobiliarios, mucho más baja que en el Reino Unido, podría ahora rozar cientos de puntos básicos, según los analistas.

Como los beneficios desaparecen, se teme un aumento de la concentración de capital. La mayoría de los bancos del entorno europeo ya lucen un Tier 1 del 8%. AIB está en el 6% y el Banco de Irlanda en el 6,3%, lo que todavía se considera demasiado bajo.

Sin embargo, estarían en disposición de realizar una capitalización de 10.000 millones de euros para levantarlo, según Collins Stewart. Pero el Gobierno irlandés prefiere solucionarlo a través de inversores privados. Por supuesto que es una buena opción. Pero después de innumerables aumentos de capital en toda Europa, la operación de atraer inversores se presenta más que costosa, ruinosa. Los dos grandes bancos podrían fusionarse pero ni aún así resolverían su problema del capital subyacente.

Con estas, parece que el Gobierno terminará comprándoles activos, lo que significa un aumento sustancial de la deuda pública. La suerte del irlandés -en realidad su habilidad- consiste en una ayuda. Soportan una deuda pública modesta, del 25% del PIB. Sin embargo, los márgenes sobre la deuda soberana irlandesa van en aumento. Más préstamos en la actual situación resultarían muy oneroso. Los contribuyentes irlandeses podrían estar pagando el boom inmobiliario por muchos años más. Por George Hay