COLUMNA

Goldman varía su cultura

Wall Street está bajo agitación cultural. El salario es lo último que cambia. Los siete principales ejecutivos de Goldman Sachs optaron por renunciar a sus bonus de 2008 y en consecuencia cobrarán solamente los 600.000 dólares de su salario base. El último año, los cuatro primeros -incluido el presidente Lloyd Blankfein- se embolsaron conjuntamente 271 millones de dólares.

Tampoco hay nada nuevo en Europa. Los diez principales ejecutivos de Deutsche Bank y los 12 miembros del consejo ejecutivo de UBS ya se han quedado sin bonus este año. Incluso uno de los ex CEO de UBS ha rechazado los 12 millones de francos suizos a los que tenía derecho.

Pero una cosa es que se haga en los bancos alemanes y suizos, en países con mentalidad socialdemócrata donde el salario despierta recelos y otra muy distinta que sea en entidades cuya mentalidad más arraigada se ha gestado en Manhattan.

Las jefes de Goldman Sachs hicieron lo correcto, incluso aunque sólo sea para aplacar las crecientes críticas de las masas contra los excesos de los banqueros. Los legisladores en Nueva York y en el Congreso de EE UU han demandado la información detallada -con nombres- de los salarios en el sector financiero de los años pasados y el presente.

No les debería suponer una decisión dolorosa. La élite de Goldman Sachs y otros de su clase han llenado sus bolsillos con los bonus del pasado. En todo caso, estarán calculando que mostrando contrición ahora preservarán los bonus del futuro, y no sólo los suyos. Goldam todavía tiene 11.400 millones de dólares ahorrados para pagar este año -32% menos que hace un año- a pesar de la caída del valor de las acciones de un 67%.

Pero la estructura de los bonus basada en un 'cara o cruz' resulta más anacrónica que nunca. Aquí también, parece que los europeos han tomado la delantera. En el Reino Unido, los reguladores están aumentando la presión para aceptar la tesis de un mayor relación entre la compensación salarial con el riesgo y los resultados. Además, UBS ya ha anunciado que las dos terceras partes de los bonus de cada año se mantendrán en reserva y sujetos a recuperación en función de los resultados. Tal movimiento está más cerca de una revolución cultural que de las necesidades perentorias de la compensación bancaria.

Por Jeffrey Goldfarb

Problemas en Easyjet

Tiene razón Stelios Haji-Ioannou cuando dice que el desequilibrio de Easyjet, la compañía de bajo coste, le afecta a él más que a nadie. æpermil;l y su familia poseen el 40% de la compañía fundada por él mismo. Y eso es lo que hace que su reciente comportamiento sea aún más sorprendente.

Stelios está en desacuerdo con el Consejo de Administración de accionistas sobre la estrategia futura de la compañía. Quiere que la aerolíneas deje de crecer y se compromete a pagar dividendos en 2011. Su primera demanda puede considerarse algo extrema, pero podría estar justifica si tenemos en cuenta la recesión económica que se espera brutal.

Pero Easyjet ya ha rebajado sus planes de expansión. Los 35 nuevos aviones que sumará a la flota de 165 aparatos forman parte de un ultra barato acuerdo con Airbus en 2002. Su rival Ryanair es mucho más ambicioso. Lo que es más, las aerolíneas low cost están intentando hacerlo bien en un momento de recesión, cuando el comercio de pasajeros decrece. Southwest, la veterana aerolínea comercial de capital estadounidense, ha superado las cuatro o cinco últimas recesiones del mercado de Estados Unidos.

Pero, incluso si Stelios tiene razón sobre el comportamiento de la economía en los próximos años, su idea de un dividendo post-recesión suena a llamada contra el crecimiento. Parece prematuro y malo para el precio de la acción. Las compañías de bajo coste tienden a ser valoradas en un margen 15 veces superior a sus ingresos, según las estimaciones de Citigroup, mientras que las compañías más veteranas, como British Airways, tienden a negociarse en un múltiplo de diez.

El enfrentamiento es preocupante en sí mismo. Los inversores no quieren compañías que no tengan clara su estrategia. La de Easyjet suena a división. Los miembros independientes del Consejo han amenazado con renunciar si Stelios utiliza su control mayoritario para autoproclamarse presidente. En algunas juntas de accionistas, las divergencias pueden ser saludables. No es el caso.

Stelios dice que no quiere convertirse en presidente. También dice que no necesita el dinero. Si es así, necesita hacerse con una fuerte cartera para cambiar el ADN de Easyjet.

Por Fiona Maharg-Bravo