COLUMNA

Un hombre de Estado financiero

Barack Obama puede estar agradecido a la economía por darle la victoria en las elecciones. Pero el presidente electo de EE UU puede que pronto quiera maldecirla. Si las noticias económicas hubieran sido tan buenas en noviembre de 2008 como lo fueron 18 meses atrás, Obama podría haber dedicado el martes por la noche a dar las gracias a sus seguidores por su valentía, pero vano esfuerzo. No hay nada como un desorden hipotecario, una caída de los mercados de valores y una incipiente recesión para volverse contra el partido en el poder y hacia un elocuente mercader de esperanza.

Ahora, sin embargo, Obama tiene que lidiar con un hiperdesorden. EE UU no hace frente a una común y vulgar recesión, en la cual demasiado crecimiento es seguido por un periodo de limitaciones. Unos pocos bancos pueden quebrar, pero el crecimiento empieza de nuevo casi de motu propio.

Esta vez, todo el sistema financiero está básicamente estropeado. Sin billones de dólares de apoyo del Gobierno federal -déficit financiero y garantías de la Reserva Federal- todo el sistema bancario habría estado probablemente no operativo.

Así, muchos de los canales normales a través de los cuales fluyen las finanzas están severamente obstruidos. Las ventas de coches, habitualmente financiados por préstamos, han caído a plomo. Una escasez de letras de crédito amenazan con causar estragos en el comercio exterior. No será fácil para el Gobierno lograr que los diferentes mercados se muevan otra vez, y luego salir de ellos.

Esto no es todo. Un gran déficit comercial y un gran pasivo internacional pueden hacer al dólar vulnerable por una temporada. El país puede salir con unos bajos tipos de interés de la noche a la mañana y un billón de dólares de déficit federal por el momento, pero la dirección política será como pasear cerca de un acantilado bajo la niebla.

Obama no tiene tiempo de sobra. Incluso antes de que tome juramento, se espera de él que opine sobre un plan de estímulos y un posible nuevo orden financiero global. Esto puede resultar demasiado para un relativamente inexperto y optimista político. Pero Obama parece inteligente y, por el momento, popular. Es el momento de cambiar un mercader de esperanza por un gran hombre de Estado financiero. Por Edward Hadas

Minoría de bloqueo

Los republicanos han resistido en el Senado y mantendrán su minoría de bloqueo. La unidad de partido será difícil de mantener de cara a una legislación tranquila, pero más fácil cuando las cosas estén difíciles. El resultado neto puede ser mejor para el Gobierno.

Después del recuento nocturno, los demócratas ganan cinco y tres retienen los republicanos de los 12 escaños vulnerables para los republicanos en el Senado. Estos podrían finalizar con 42-43 senadores -aunque el senador Ted Stevens puede ser forzado a dimitir debido a problemas legales-. Incluso así, un Partido Republicano unido tendrá los 41 votos necesarios para un bloqueo.

En muchas normas, esto no será bastante para parar una determinada Administración demócrata. Las notas son populares entre muchos senadores en ambos bandos, y los incrementos fiscales moderados impondrán una mayoría en la Cámara y serán difíciles de bloquear por el Senado. El destino de la reforma integral de la inmigaración dependerá de la administración de la mayoría demócrata, ya que nueve de los republicanos del Senado votaron por un programa de 2007. El plan de salud del presidente Obama, menos ambicioso que el de Clinton de 1993, es también poco probable de llevar a cabo frente a la oposición republicana unida.

La unidad republicana es más probable en las propuestas que no están en ningún extremo o son claramente de partido. Los republicanos moderados, como Olympia Snowe y Susan Collins, aunque poco fidedignos seguidores de la controvertida legislación republicana, deben ser más directos en la oposición a la legislación demócrata que perciben como excesiva. Así, el Employee Free Choice Act, que aboliría el secreto de voto en las elecciones sindicales, puede ser bloqueado, como puede restituir la norma de la 'doctrina imparcial' que impide que la radio (pero no la televisión, internet o los periódicos) emitan opiniones de un lado sin puntos de vista opositores. Considerables incrementos fiscales redistributivos, fuerte proteccionismo o propuestas de gasto pueden ser obstruidas.

Con este sustancial mandato y una más posición más sólida en el Congreso de la mantenida por los republicanos, Obama tendrá un poder considerable. No obstante, permanecen demasiados controles constitucionales, en los cuales es probable una aprobación. Por Martin Hutchinson