La opinión del experto

El verdadero peligro de elegir a Palin

Douglas McEncroe cree que las críticas al conservadurismo de la candidata republicana a la vicepresidencia de EE UU están relegando su auténtico punto débil: un estilo de liderazgo que desprecia la reflexión y el consenso

Desde su llegada, la candidata republicana Sarah Palin ha captado la atención de la prensa americana y de la europea, desplazando incluso a Barack Obama y a John McCain. La razón fue la sorpresa de su elección, al estilo clásico de McCain, y su edad. Con 72 años sería el presidente de mayor edad y, en caso de que falleciera, esta desconocida madre de cinco hijos llegaría a presidente del mundo libre.

En Europa, la posibilidad causó escalofríos. He leído con diversión muchas páginas, claramente escritas desde la autocomplacencia, que describían a la candidata a la vicepresidencia como 'ultraconservadora' o 'fundamentalista'. Veo que Palin es la típica americana que a cierto tipo de europeo le encanta criticar. A juzgar por las descripciones que se han hecho de ella, uno podría pensar que se trata de la reencarnación, en versión alascana, del ayatolá Jomeini, que ha vuelto para secuestrar las elecciones americanas y mandarnos a la Edad Media. El problema de tales interpretaciones es que no ven a la persona en su contexto sociohistórico y sacan conclusiones equivocadas. Pero lo importante es que tales visiones nos distraen del verdadero peligro que supone su elección como vicepresidenta.

Hay que ver la religión de un norteamericano en clave de su cultura, con una fuerte base religiosa. Conviene recordar cómo se construyó este país: con la fuerza y desesperación de huidos, en muchos casos, perseguidos por querer practicar su religión. Sus orígenes les han conferido un carácter idealista. La declaración energética de sus creencias religiosas está fuertemente vinculada a ese idealismo y lo viven como una expresión de su libertad. El hecho de que Palin tenga profundas creencias religiosas que afectan a sus ideas políticas no es un problema en sí. Tony Blair también las tenía pero nadie lo tildó de fundamentalista ni vinculó su política a sus creencias. En cambio, lo que sí puede ser un problema es la calidad de liderazgo de Palin.

Si analizamos su interpretación de la práctica de la política y su preparación en caso de tener que convertirse en presidente, lo más preocupante de Palin es su total adopción del juego político desarrollado, durante los últimos ocho años, por un sector del partido republicano. Sus arquitectos, Karl Rove, George W. Bush y Dick Cheney, han creado un estilo de hacer política que desprecia cualquier análisis profundo y consultado; simplifica terriblemente una realidad cada vez más compleja y divide el mundo en buenos y malos. En suma, total desprecio por las reglas del juego democrático, magníficamente establecidas en la Constitución americana y defendidas con un gran coste en dos guerras mundiales. Un enfoque que divide en vez de unir, generando guerras. Una política que destruye en vez de construir.

Lo que veo en el estilo de liderazgo de Palin es la aplicación de frases aprendidas de memoria, y repetidas una y otra vez, con un posicionamiento de enfrentamiento al otro. Estas frases no explican qué políticas apoyaría ni dan ninguna idea sobre qué haría junto a McCain si fueran elegidos en un momento de retos históricos enormes. En cambio ataca a Obama por ser blando con los rusos y los iraníes, por ser cobarde al no intentar la victoria en Irak, y por no ser patriota; al parecer Obama conoce a un ex terrorista que lanzó bombas contra la policía durante la guerra de Vietnam a finales de los años sesenta; él tenía ocho años.

Reconozco mis simpatías por los demócratas, como la inmensa mayoría de mis compatriotas australianos y de mis compañeros europeos, pero creo que la evolución del estilo republicano, adoptado con tanto entusiasmo por Palin, es una traición a su partido y a republicanos como Lincoln, Reagan y Eisenhower, quienes defendieron la Constitución y lucharon contra la división. Intuyo que los americanos quieren ver el acercamiento entre Rove, Bush y Cheney relegado a la basura de la historia. Así, el problema con Palin no es que sea religiosa y conservadora, sino que asume 100% un estilo de liderazgo que desprecia la reflexión, la consulta, el consenso y la colaboración, y valora la agresión y la división. Y si esto no fuera suficiente, su falta de preparación y conocimiento del mundo es realmente motivo de pánico. En su reciente entrevista con Katie Couric, de la CBS, demostró no tener el más mínimo nivel de cultura ni de conocimiento de política internacional o económica. ¿Cómo podría desempeñar el oficio de presidente de los Estados Unidos de América? ¿Qué pasó por la cabeza de McCain a la hora de elegir a una persona sin ninguna preparación?

La elección no habla bien del liderazgo de McCain. Durante los últimos 20 años habíamos visto un político con conciencia social, a veces enfrentado a su partido por defender sus principios. Lo hemos visto con su oposición a Rumsfeld por su forma de llevar la guerra de Irak y en su búsqueda de una política consensuada entre republicanos y demócratas con la inmigración. ¿Pero dónde está ese McCain? Su elección de Palin movilizó a un ala de su partido hostil a él, pero ¿a qué coste? En mi opinión, ha sido uno de los actos políticos más irresponsable que hasta ahora he visto, realizado en un momento en que los votantes americanos piden pragmatismo. Lejos de hacerle ganar las elecciones, podría incluso hacérselas perder.

Douglas McEncroe. Socio director de Douglas McEncroe Group