Medio ambiente

El año con menos incendios del último decenio

Estabilizado el fuego de Zaragoza tras quemar 2.000 hectáreas

La campaña contra los incendios forestales de este año está siendo, por el momento, la más favorable del último decenio, dada la escasa superficie quemada. Incluso teniendo en cuenta el primer gran fuego del verano, que ayer logró ser controlado en Zuera (Zaragoza) tras arder 2.000 hectáreas, los números invitan al optimismo.

Comparando las estadísticas del Ministerio de Medio Ambiente de enero a julio con las del mismo periodo de los últimos 10 años, este ejercicio llega a su ecuador con menos hectáreas de bosque quemadas que ningún otro año desde 1998.

Algunos expertos ven nexos de unión entre esta realidad, la crisis económica y el pinchazo inmobiliario. Otros destacan que la mejora se debe a las medidas preventivas puestas en marcha.

Las cifras son elocuentes. Este año han ardido 25.600 hectáreas de superficie forestal, menos de la mitad que la media del último decenio, que fue de 55.300. En los años más negros, 2004 y 2005, incluso se sobrepasaron las 85.000 hectáreas. Así, el porcentaje de superficie quemada hasta julio de este año no llega al 1% del territorio nacional, cuando en muchas ocasiones estuvo entre el 2% y el 3,5%.

Respecto al número de grandes incendios (de más de 500 hectáreas quemadas) sólo se han registrado dos, en contraste con los siete de media que se contabilizaron en el pasado.

Aún así hay que ser precavidos, los especialistas coinciden en que es arriesgado hacer balance a mitad de año, pues se puede producir un giro en cualquier momento, tal y como se ha visto esta semana en Aragón, sobre todo ante una subida de las temperaturas.

'El 96% de los incendios son causados por el hombre, y de ellos, el 58% son intencionados', afirma Elena Domínguez, de la organización ecologista WWF/Adena. 'En la mayoría de los casos se desconoce el origen del fuego', añade. 'Por eso, es necesario averiguar mejor las causas y atrapar a los culpables. Tiene que acabarse la impunidad', explican en WWF/Adena. Con todo, esta asociación ha constatado un aumento de la presión judicial, pues el número de detenidos implicados en incendios se ha duplicado desde 2000.

Theo Oberhuber, coordinador general de Ecologistas en Acción, achaca esta mejora a la prohibición de quemar rastrojos o utilizar barbacoas en zonas forestales decretada por el Gobierno después del gran incendio de Guadalajara en 2005. Respecto a los incendios vinculados a la especulación urbanística, señala que tienen cierta 'repercusión en zonas concretas' y, a veces, 'una importancia mayor por el modo en que se realizan y su repetición'. 'No es un gran porcentaje', dice Oberhuber, 'aunque tal vez haya más, porque en la mayoría de los casos se desconoce la causa de los incendios'.

'Durante los 70 y 80 en el litoral se edificó a base de cerillazo', señala Miguel Ángel Soto, de Greenpeace. 'Los incendios relacionados con la construcción fueron importantes en el pasado, pero ahora son anecdóticos', añade. En 2006 se prohibió la reclasificación de suelos quemados durante 30 años, para evitar estas prácticas.

Las llamas consumen 14.000 millones de euros

Además del fuerte impacto ambiental, los incendios también tienen un elevado coste económico. Desde 1991 a 2006 el fuego devoró 14.000 millones de euros, a un ritmo de 1.500 millones al año, según datos facilitados por WWF/Adena. Cada hectárea que arde supone una pérdida de 5.500 euros, y todo esto sin contar el dinero que destinan los presupuestos públicos a la prevención. La organización ecologista pone énfasis en el gran perjuicio para las arcas de las comunidades que supone extinguir los fuegos y actuar después en las zonas afectadas.

Entre los costes ambientales, el más evidente, pero no el único, es la pérdida de calidad paisajística que conlleva la desaparición de la cubierta vegetal que cubre el suelo.

El efecto sobre la fauna más patente es la muerte de los animales alcanzados por el fuego y la migración de otros ante el deterioro de sus hábitats. La estructura del suelo también se ve afectada por el incendio, ya que pierde fertilidad y avanza la erosión. Además se altera el ciclo hídrico y aumenta la emisión a la atmósfera de gases de efecto invernadero, causantes del cambio climático.

Todo ello sin contar la pérdida de vidas humanas y los daños en los cultivos, explotaciones y casas arrasados por las llamas.