EDITORIAL

Otro escenario y la misma solución

El Gobierno se rindió ayer a las evidencias de la exigente coyuntura económica y corrigió, por segunda vez en cuatro meses, todo el cuadro macroeconómico que sustenta sus políticas de ingresos y gastos públicos. Cierto es que este ritual lo hacía el Ejecutivo siempre en julio para dejar preparado el terreno a la elaboración de la Ley de Presupuestos, ya en septiembre. Pero ahora es más llamativa porque la última modificación estaba muy reciente, porque es ya la segunda que hace, y porque la cuantía de las modificaciones ha sido muy abultada.

La economía crecerá este año un 1,6%, en vez del 2,3% estimado en abril o el 3,1% de diciembre. Para el año próximo, la previsión es aún más pesimista, con un crecimiento del 1%, para entrar en 2010 con un avance del PIB cercano al potencial, según los augurios del vicepresidente Solbes. Pero estas aseveraciones tienen, desgraciadamente, un valor limitado, porque las dadas por buenas hasta ayer han carecido de crédito desde el primer día y porque el propio Solbes admitió sin ningún entusiasmo que 'las previsiones mueren en el mismo momento en que se ponen en marcha'.

El escenario de crecimiento del Gobierno lleva implícito el sello de la crisis, aunque las estimaciones tal como las hace el vicepresidente, que maneja para los datos anuales medias de crecimientos interanuales de los cuatro trimestres del año, esconden la gravedad de la realidad en parte. En los próximos días se conocerá el crecimiento intertrimestral registrado en España en el segundo trimestre, que podría ser de cero o ligeramente positivo. Sólo si avanzase 0,2%, el PIB mantendría un crecimiento interanual del 2% (la suma de cuatro trimestres de 0,8, más 0,7%, más 0,3, más 0,2%). El tercer trimestre tendrá mejor cara por la campaña turística, que también ha arrancado con dudas, y sigue siendo una incógnita qué pasará en el cuarto.

La encuesta de población activa dio ayer algunas pistas, pero no definitivas para hacer un pronóstico. Ha habido una importante purga en el empleo de la construcción y la industria. Pero los ciclos de construcción de las viviendas iniciadas antes de la crisis financieras aún no han concluido, lo que augura una destrucción de empleo más fuerte en los próximos meses y trimestres. En todo caso, entre abril y junio los servicios han servido de dique y han evitado la destrucción de empleo. Pero el fuerte avance de los activos ha elevado el paro hasta el 10,44% de la población dispuesta a trabajar, cifra que rompe las mejores previsiones oficiales. Ahora ya admite Solbes que en 2009 la tasa puede llegar al 12,5%, un 50% más que hace sólo un año.

A los riesgos sobre el cumplimiento de las estimaciones macro, que dependerán de factores externos como petróleo o tipos de interés y de millones de decisiones particulares, hay que añadir la ausencia de nuevas soluciones. Las que puso sobre la mesa están en las leyes, pues la aplicación de los estabilizadores que reaccionan cíclicamente es obligada. Solbes prometió unas cuentas públicas austeras y solidarias, dos conceptos intelectualmente contradictorios y de difícil encaje, salvo que se nade en la abundancia. Sólo falta por saber qué más pondrá sobre la mesa para que, como dice, en 2010 estemos cerca del crecimiento potencial y generador de empleo.