Cada cual arrima el ascua a su sardina

Los mercados son entes extremadamente sensibles y habitualmente irracionales. Se mueven por expectativas, por sentimientos de confianza o desconfianza y por movimientos gregarios que suelen desatar reacciones en cadena.

En estos días, la sensibilidad de los mercados es extrema y las reacciones a noticias y rumores de toda índole son violentas; principalmente porque el grado de incertidumbre sobre el futuro de las economías es elevado, y las certezas que se van conociendo pintan un escenario gris oscuro tirando a negro.

Es lógico que los mercados reaccionen a los datos, a las cifras, a los hechos constatados y a las revisiones de crecimiento e inflación. Pero no es de recibo que haya agentes en el mercado que metan ruido en el sistema; sobre todo si tienen intereses y capacidad de influencia.

Esta semana, Alexei Miller, el consejero delegado de Gazprom, el mayor productor de Gas Natural del mundo, ha declarado que espera que el precio del petróleo alcance los 250 dólares en un 'futuro previsible'.

Miller es, desde luego, un interlocutor válido a la hora de hablar sobre hidrocarburos. Pero no cabe duda de que declaraciones como ésta no ayudan en absoluto a frenar la escalada del precio del petróleo, asunto que amenaza gravemente la estabilidad económica y social en todo el mundo.

¿Puede llegar el barril petróleo a 250 dólares? Pues quizás sí. No hace mucho que Goldman Sachs preveía un petróleo en los 100 dólares, algo que parecía a todas luces imposible, y el barril lleva más de dos meses por encima de esa cota. Pero decir que el precio puede alcanzar los 250 dólares en un 'futuro previsible, a medida que aumenta la competencia por los recursos energético' no es, a primera vista, una predicción fundada en datos de peso.

Al final cada uno arrima el ascua a su sardina. La OPEP ha declarado que no va a aumentar la producción de crudo porque, a su juicio, la tensión de los precios obedece a un fenómeno de especulación financiera. Desde el Gobierno de Estados Unidos se argumenta que la especulación no es significativa, y que el problema del mercado de petróleo es estructural, la demanda supera con mucho a la oferta disponible.

Y mientras cada cual tira para casa, el mercado, con la sensibilidad a flor de piel, se estremece espasmódicamente, como la niña del exorcista.

Miguel Rodríguez. Jefe de Mercados