Secretos de despacho

Sencillez y cercanía en CEGVisión de pasado y de futuro

Juan Liquete dirige desde hace 14 años el Club de Excelencia en Gestión

Siente pasión por su trabajo, y realmente se le nota cuando habla de lo que hace. Lo que más le gusta de su día a día laboral son las relaciones con las personas, 'directivos y no directivos', comenta. Tiene don de gentes, se considera creativo y cree que entre sus habilidades directivas que tiene que mejorar se encuentra la gestión de sus emociones.

Juan Liquete, secretario general del Club Excelencia en Gestión (CEG), disfruta de las vistas de su despacho en la avenida de Burgos de Madrid, que le permiten ver la calle y 'tener algo de horizonte por delante', un lujo que muchos no se pueden permitir, sobre todo en las grandes ciudades. Asegura que su trabajo es un importante observatorio de la economía española y la sociedad empresarial y, cuando se le pregunta sobre él, destaca de la labor de despacho que le encanta planificar, jugar con las posibilidades y pensar cómo se pueden hacer las cosas de forma diferente.

Este bilbaíno, de 59 años, ingeniero industrial, con una larga trayectoria en el mundo de dirección de empresas -sobre todo en el sector electrónico e informático-, decidió cambiar el rumbo de su carrera hace 14 años al embarcarse en un nuevo proyecto profesional: un club de empresas que buscan la excelencia. 'Es un trabajo completamente distinto a lo que he hecho hasta ahora. Pero me gusta precisamente por ese componente que tiene de hacer cosas diferentes continuamente y tratar con toda clase de personas y empresas de distintos sectores', subraya el directivo.

Entre su formación destaca también la realización de varios másteres en gestión de empresas y, desde el punto de vista profesional, ha tenido varias experiencias internacionales, como un año viviendo en Irlanda y contacto con muchos países de Europa y EE UU. 'Tuve también unos escarceos antes de empezar en el Club dando clases, y me gustaba, lo que pasa es que ahora no tengo mucho tiempo' señala Juan Liquete.

Respecto a las funciones de esta asociación, su secretario general explica su razón de ser fundamentalmente por la ayuda que ofrece a las empresas -y, dentro de ellas, a sus directivos- a mejorar sus capacidades de gestión y liderazgo. 'Esto se consigue aprendiendo unos de otros, intercambiando experiencias', afirma. Esta organización sin ánimo de lucro, creada en 1991, cuenta ya con 300 miembros, entre ellos, el 37% de las empresas que cotizan en el Ibex.

Sin grandes rituales de despacho, más que el café de la mañana que no perdona, Liquete deja caer que la rutina no va con su personalidad. 'Me gusta cambiar las costumbres, no repetir, no creo que tenga demasiadas manías', comenta.

Comienza la jornada los lunes a las nueve y no se va hasta las ocho de la tarde. Come cerca de la oficina con socios o colaboradores y, aunque pasa mucho tiempo en su lugar de trabajo, asegura poder conciliar y que la flexibilidad en los horarios se cumple para todos los empleados de CEG. 'Nosotros nos movemos por objetivos más que por presencia; cada uno tiene los suyos y su obligación es conseguirlos e incluso mejorarlos si puede. Cómo organizar el tiempo es algo que debe decidirlo la persona', afirma este ejecutivo. Los viernes salen a las dos de la tarde.

No es que le dé demasiada importancia a la decoración de su despacho. Parte de las cosas que hay en él ya estaban cuando llegó, como un par de láminas que cubren una de las paredes y que no ha tocado porque le gustan sus colores vivos y le recuerdan el principio de su trayectoria en el Club. 'Hay otras cosas que son mías. Muchos libros, como siempre', dice, y es que Juan Liquete no oculta su tremenda afición por la lectura. Pero no es el único hobby de este directivo polifacético, que en su tiempo de ocio también esquía o toca la guitarra. 'Me considero una persona con muchos hobbies, me gustan los deportes en general, la música y el cine. Nunca me aburro cuando estoy solo, es algo bueno que tengo', cuenta desde la pequeña mesa de reuniones de su despacho.

Poco apegado a las cosas materiales. Esa es la impresión que da Juan Liquete al preguntarle por algún objeto especial que hubiese en su despacho o algo que le hubiese acompañado en su carrera. 'No hay nada que me haya acompañado siempre, nada tan valioso como para que no pudiera desprenderme de ello. Cualquier cosa que tenga aquí me la podrían robar y no pasaría nada', comenta el secretario general del Club de Excelencia en Gestión.

Sin embargo, al reflexionar un momento descubre que, ciertamente, hay algo en una de las estanterías que tiene a su espalda que no responde con claridad a la afirmación que acaba de realizar. Se trata de una cámara fotográfica Voigtländer, 'de los años de la guerra', comenta, un legado de su padre al que, sin duda, reconoce un valor sentimental. 'Con esta cámara nos sacaba fotos mi padre cuando éramos pequeños', explica.

Su afición por la fotografía, en la que se plasman los momentos pasados y se reflejan los recuerdos, no impide a este directivo de origen bilbaíno tener una importante visión de futuro. 'Me gusta mirar hacia delante y creo que tengo visión. Pienso que es una de mis cualidades', señala Liquete, que destaca que a la excelencia, como a la perfección, nunca se llega, 'pero lo importante es intentar conseguirla'.