Acciones

El Gobierno chino trata de contener el desplome de la Bolsa

Una norma controla que las ventas de acciones en bloque no afecten a los precios de mercado

La Bolsa china es como un depresivo sin medicación: tras un largo periodo de euforia descontrolada vive una temporada de tristeza inconsolable. El Gobierno, como buen psiquiatra, intentó entonces contener unas subidas excesivas, mientras que ahora trata de detener el desplome. Por eso ayer anunció una serie de nuevas reglas bursátiles para contrarrestar las caídas de los mercados de Shanghai y Shenzhen.

El principal índice del país, el CSI 300, ha retrocedido un 44,40% desde que alcanzó su máximo histórico el pasado octubre. Después de caer el pasado viernes a su cotización más baja en más de un año, la Comisión Reguladora del Mercado de Valores de China (CRMV) ha decidido actuar para evitar el desastre. A partir de ahora, los grandes accionistas que quieran deshacerse de más del 1% de los valores de una empresa tendrán que llevarlo a cabo obligatoriamente en bloque, y no de manera abierta y separada como podían hacerlo hasta ahora. Así, los vendedores deberán alcanzar un acuerdo previo con los compradores, de modo que la venta no afecte a los precios de mercado de las acciones de la compañía.

'La medida se pone en marcha para contrarrestar la presión de las ventas sobre el mercado y ayudar a mitigar las preocupaciones de los inversores sobre el impacto de las grandes ventas sobre los precios de las acciones', señala la CRMV en un comunicado.

En los últimos meses, este organismo ha adoptado diversas medidas para impulsar los mercados, como autorizar la creación de nuevos fondos bursátiles y retrasar el ritmo de aprobación de ofertas públicas de valores. 'Podría ser el principio de una nueva ronda de medidas oficiales de estímulo', opina Wu Ke, de la consultora de inversiones de Shanghai, Zhongtian, que asegura que serán necesarias otras 'para reforzar la confianza a largo plazo'.

El mercado chino lleva seis meses con caídas constantes, debido al temor al impacto que pueda tener en China la crisis hipotecaria de EE UU, al exceso de empresas cotizadas en un contexto de escasa liquidez y al miedo a las medidas adoptadas por el Gobierno para controlar la inflación. Todo ello ha provocado la desconfianza del inversor local y motivado una ola de ventas generalizadas, después de la euforia que hasta agosto condujo a los ciudadanos a invertir masivamente. Entonces, el mercado se revalorizó hasta un 180% en 18 meses. Durante esta época de optimismo, en la que diariamente se creaban cientos de miles de cuentas bursátiles nuevas, expertos como el ex presidente de la Reserva Federal de EE UU, Alan Greenspan, o el gobernador del Banco Central chino, Zhou Xiaochuan, ya advirtieron de la formación de una burbuja en la Bolsa de este país.