Lealtad, 1

Los tentáculos del calamar gigante

A medida que se van abriendo los frentes se hace más evidente que los tentáculos de la crisis de crédito crecen conforme pasan los días. La crisis que vive el sistema financiero se asemeja, de hecho, a un calamar gigante: nadie ha visto uno vivo, pero se sabe que existen porque de cuando en cuando aparece alguno muerto en la playa.

Y si de cadáveres se trata, las costas financieras comienzan a estar llenas. Lo que se teme es que en un momento dado, los restos de la batalla se acumulen hasta el punto de impedir pisar la arena.

Después de las hipotecarias, las aseguradoras de bonos y los bancos de inversión, la espada de Damocles pende ahora sobre los hedge funds. Los más agoreros auguran una oleada de quiebras en las próximas semanas o meses que dejaría el colapso del Long Term Capital Management en una travesura de niños.

Muchos fondos de cobertura, los más apalancados, se enfrentan a una situación complicada, porque los bancos que les prestan dinero están exigiendo mayores garantías en vista de la crisis de crédito, y muchos gestores se han visto obligados a vender activos con minusvalías para hacer frente a esos pagos. Lo cual ha llevado ya a la quiebra de al menos seis fondos desde mediados del mes pasado.

Lo curioso es que no se trata sólo de fondos que estén invirtiendo apalancados en activos de calidad dudosa, sino que también se han visto afectadas carteras formadas por activos de máxima solvencia.

Pero, a la vista de las pérdidas y provisiones a que asiste el sector financiero, los bancos han optado por encarecer el crédito de los hedge funds, lo que no es sino otra vuelta de tuerca al devenir a cámara lenta de esta crisis.

Si se confirman los peores augurios, los expertos en la materia temen que se produzcan nuevos desplomes bursátiles generados por la venta masiva de títulos por parte de grandes fondos necesitados de liquidez.

La industria de hedge funds, en todo caso, se renueva con cierta asiduidad y funciona con un componente darwiniano según el cual cuando vienen mal dadas sólo sobreviven los mejores. Otra cosa es que el desplome del sector sea de un calibre desmesurado, como temen algunos. Pero eso aún está por ver.