Directivos

La imagen de compañías y directivos, en horas bajas

Las multinacionales se agarran a la responsabilidad social para mejorar su percepción

Si la empresa se sometiera a encuestas periódicas de opinión, como los líderes políticos, lo más probable es que no alcanzaran el aprobado. 'La imagen de la empresa como institución ha descendido muchísimo, está en horas bajas', explica el filósofo José Antonio Marina. Según su tesis, durante los años de la transición del franquismo a la democracia, las organizaciones empresariales también pasaron por otra mala época. 'Los empresarios y directivos tenían muy mala fama, se pensaba que sólo querían aprovecharse de los trabajadores y exprimirlos al máximo'.

Muy poco tiempo después, la llegada de la democracia benefició la percepción de las compañías. 'La sociedad entendió que los efectos de las organizaciones empresariales eran beneficiosos y sus líderes volvieron a ser bien considerados'. Pero como si de un péndulo se tratara, hace unos años las firmas con ánimo de lucro vuelven a ser percibidas con recelo por parte de la sociedad. 'El punto de arranque de este nuevo empeoramiento de la percepción fue la aparición de los contratos basura', dice Marina. Poco después, la ola de deslocalizaciones que empezó a sufrir el país en los primeros años de este siglo contribuyó a hundir todavía más la imagen del mundo empresarial. Una imagen que llegó a su punto mínimo en esa encuesta imaginaria cuando los empresarios empezaron a predicar sistemáticamente que el principal objetivo de una firma era crear valor para los accionistas.

Marina sostiene que en el caso de las multinacionales la percepción es todavía peor, pero que éstas ya se han dado cuenta de que la responsabilidad social empresarial (RSE) es una buena herramienta para, si es posible, volver a la parte alta de las puntuaciones. 'Además, han descubierto que también es una manera de crear un fuerte vínculo con sus trabajadores. Los empleados cada vez más van a querer pertenecer a organizaciones con valores'.

Marina pronunció el discurso de la sesión inaugural del programa Pensar el liderazgo, dentro de la cátedra Liderazgos y gobernanza democrática de la escuela de negocios Esade en Barcelona. Por su parte, Jordi Pujol, ex presidente de la Generalitat de Cataluña y titular de la cátedra, alertó sobre lo que, a su juicio, es una incorrecta transmisión de valores a los jóvenes de hoy. 'No les estamos enseñando conceptos como el esfuerzo y se ha perdido la capacidad de admirar algunos modelos. También coincido con Marina en que el hecho de que haya desaparecido la fuerza de voluntad es negativo para la sociedad'.

La empresa necesita inteligencia práctica

El filósofo José Antonio Marina insiste en la diferencia entre la inteligencia teórica, que resuelve problemas teóricos, y la inteligencia práctica, que soluciona problemas prácticos. 'En la empresa se debe poner la inteligencia práctica por encima de la teórica. Los problemas teóricos se resuelven cuando se encuentra la solución; los prácticos no, porque hay que poner la supuesta solución en práctica y eso es lo difícil', explica Marina.

Lo que en teoría es eficaz puede no funcionar en la práctica, porque intervienen las emociones, los valores y la relación con las otras personas. A modo de ejemplo, Marina explicó la solución teórica que dio el Gobierno chino en los años cincuenta a una plaga de ratas que estaba acabando con las cosechas de arroz. La idea, teóricamente impecable, era que cada habitante matase dos o tres ratas, por lo que se decidió a otorgar una recompensa por cada ejemplar eliminado. La puesta en práctica de la solución fue un desastre: resultaba más rentable matar ratas que criar arroz y muchos agricultores empezaron a hacerlo. 'Llevar algo a la práctica es la gran creación de la inteligencia', argumenta el filósofo, 'así, mandar se convierte en una función complejísima, porque tiene que estar a la vez en el plano teórico y en el plano práctico'.