TRIBUNA

El papel de España en su justa medida

æscaron;ltimamente algunos analistas comentan sobre las posibilidades de que España se convierta en una pieza importante de las relaciones entre Asia y América Latina. Se habla así de una triangulación entre las tres zonas geográficas y económicas y que puede compararse con el rol que España juega en la Unión Europea en la relación entre esta última y América Latina. Y hasta cierto punto podría también compararse con el papel importante que España juega en esa región incluso cuando el interlocutor es Estados Unidos.

Pero surgen importantes diferencias que cuestionan si el rol de España puede ser tan relevante en el caso asiático como ha sido en el pasado en el caso europeo o incluso en el norteamericano.

Nadie duda de la importancia que España tiene en la región de América Latina, por razones históricas, idiomáticas y culturales, y por la presencia de empresas españolas en sus países. En el contexto europeo, esto claramente da a España y a Portugal una posición privilegiada como interlocutores de estos países en el contexto de la Unión. La idea de las cumbres Iberoamericanas, y luego la creación de la Secretaría General Iberoamericana (Segib), son dos indicadores de esa tendencia. Podríamos decir que incluso la posición geográfica de la península Ibérica en el contexto europeo hace que esta relación sea natural. Incluso algunas empresas europeas con intereses en la región pueden manejar mejor sus operaciones desde la península Ibérica.

El papel que juega España en la relación entre Estados Unidos y América Latina es diferente. Aunque el idioma y los lazos culturales siguen siendo un factor importante, la geografía pasa a ser irrelevante y las relaciones económicas se establecen directamente sin ninguna necesidad de que España participe. Los tratados de libre comercio entre Estados Unidos y muchos países de América Latina, y aquellos que se están negociando en la actualidad, demuestran que las relaciones bilaterales son muy intensas. La única excepción a esta regla es el ámbito político, y cuando la relación entre la primera economía mundial y algún país es especialmente complicada. Por ejemplo, este es el caso de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, que claramente no son fluidas y en las que el Gobierno español puede cumplir un papel importante, pero cuando EE UU maneja una buena relación se prioriza la relación bilateral.

En los países asiáticos, el aspecto geográfico es de menor importancia, en particular para los países con costa en el océano Pacífico. Estos forman parte del Asia Pacific Economic Cooperation (APEC) que se reúne anualmente y en el que las relaciones entre los países son directas. Para aquellos países que están en la costa atlántica podría argumentarse que Europa, en general, y España en particular, puede constituirse en un puente hacia Asia. La apertura de la ruta São Paulo-Madrid-Shanghai por Air China hace pocos meses es una posible señal de esta conexión, aunque las relaciones políticas y económicas entre Brasil y China son muy intensas y no pasan por Europa. Algo similar ocurre con la gran mayoría de los países de la región.

España puede jugar un papel importante en esa triangulación en cuanto al aspecto del idioma, y asociado con éste, el cultural. A través del Instituto Cervantes y de otras instituciones como universidades y centros privados, es posible que gente en Asia pueda aprender el idioma para actuar en América Latina. Una segunda área en la que sí se puede dar esta triangulación es en la empresarial. Las empresas asiáticas que tienen un interés potencial o real en América Latina saben que las empresas españolas tienen una experiencia de varios años allí. De hecho, en el campo académico se observa este interés, por el que escuelas de negocio o empresas asiáticas quieren conocer lo acontecido en los últimos 15 años en América Latina a partir de la experiencia de las empresas españolas.

Y también es posible que empresas asiáticas medianas pongan la sede de sus operaciones en Europa del Sur y en América Latina en España para explorar un mercado que les parece muy lejano y que quizás infunda una sensación de inseguridad. Pero las empresas grandes tendrán sus bases en los propios países, y las relaciones políticas y económicas se establecerán bilateralmente.

Asia es un continente en plena ebullición económica que se siente seguro y que puede establecer relaciones políticas y económicas directas con los países de América Latina, quienes, además, están deseando estrechar estos lazos. El rol de España en este contexto es importante, pero no debemos sobredimensionarlo.

Gonzalo Garland. Profesor del Instituto de Empresa Business School