Sentencia contra Microsoft

Los inciertos efectos sobre el consumidor

Los expertos descartan que el usuario vaya a notar mejoras a corto plazo.

Microsoft ha encajado con inusitado aplomo su derrota judicial en Europa. En Bruselas, esa actitud se atribuye a la inevitable resignación ante un fallo prácticamente inapelable. Pero la duda que surge ahora, en plena resaca judicial, es saber si la resolución beneficiará o perjudicará al consumidor.

Los consumidores europeos, a través de diversas asociaciones, se han mostrado favorables a la sentencia de la UE, dado que supuestamente abre camino a una mayor competencia y facilita que Microsoft no pueda fijar precios excesivos de forma unilateral, como apunta Albert Delgado, Director General de Penteo.

Este experto opina que los aspectos relativos a la interoperabilidad van a permitir seguramente que nuevos fabricantes creen productos con prestaciones interesantes a un precio más competitivo, lo que beneficia a los consumidores. Pero añade un matiz: 'No me parece evidente que la sentencia vaya a simplificar la experiencia a los usuarios, especialmente a los menos familiarizados con la informática'.

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Hábitos distintos

Según Delgado, cuando un usuario compra un equipo, con software incorporado, le resulta indiferente quién lo ha desarrollado, 'lo que valora es que sea sencillo e integrado'. En el otro extremo, continúa, 'los usuarios avanzados, ya usaban el software que más les interesa, descartando Windows Media Player y otros elementos incluidos en Windows, y reemplazándolos por sus favoritos, por lo que la medida no va a tener influencia en su experiencia'.

A Enrique Dans, profesor del Instituto de empresa, no le cabe ninguna duda que el consumidor 'sale especialmente beneficiado' del hecho de que una institución como la CE decida 'tomarse en serio la amenaza que suponen los monopolios acostumbrados a competir de manera predatoria'. Reconoce Dans, que el usuario 'no notará cambios a corto plazo', pero advierte que es preciso tener en cuenta que una parte de la sentencia parece tener un carácter claramente ejemplarizante, y debería servir como aviso a navegantes en este sentido.

'Las empresas deben entender que la competencia debe basarse en factores que no perjudiquen al cliente y que jueguen limpio con su entorno, no en jugadas artificiales basadas en reducir las opciones del cliente o la habilidad de otros para competir', reclama. 'Eso es algo que nos perjudica a todos, reduce la capacidad de elegir y condiciona las posibilidades de desarrollo de nuevas alternativas'.

El analista de IDC, Jaime García Cantero, coincide en que el usuario no notará nada en el corto plazo. 'Y el efecto en el medio plazo', añade, 'dependerá de cómo Microsoft y empresas en situaciones parecidas reaccionen'. Este experto se muestra tremendamente ácido sobre la cuestión: 'Este tipo de medidas tienen repercusión (de tenerlas) en las estrategias a medio plazo de las compañías, pero poco de esto llega a los consumidores finales. Ni vencedores, ni vencidos; meros espectadores de una lucha en la que eso sí todos dicen defenderlos'.

Una empresa obligada a cambiar

Otro tema a debate es si Microsoft cambiará o no la forma de hacer las cosas. Dans opina que 'es difícil, porque su manera de competir está embebida en su cultura, como una religión'. 'Microsoft no es lo que es por su capacidad de innovar, sino por haberse valido de su posición de monopolio sobre una plataforma estratégica como el PC'. Pese a ello, Dans ve que a medio plazo deberá cambiar obligada por la legislación y las preferencias de sus clientes, pero 'seguramente sea preciso para ello un cambio generacional'.

Delgado, por su parte, opina que Microsoft no puede obviar la sentencia por la jurisprudencia que sienta. 'Va a tener que cambiar de manera radical la forma en que proporciona información a la competencia para hacer interoperables sus productos, y deberá cuidar los elementos que incorpora a sus sistemas para no ser acusado de matar a la competencia desde su posición de privilegio'.