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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

España aprueba en Bruselas

España se salva, según Bruselas, de los nubarrones que puedan suceder a la crisis financiera provocada por el efecto dominó de las hipotecas subprime en EE UU. Ayer se esperaba con expectación la revisión que la Comisión Europea había anunciado sobre las previsiones de crecimiento e inflación para lo que queda de año. En realidad, se trata de un anticipo de las previsiones de otoño, que se conocerán en noviembre. En conjunto, el comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios, Joaquín Almunia, rebajó el crecimiento de la zona euro en una décima, del 2,6% previsto en mayo al 2,5%, e igualmente recortó para la UE del 2,9% al 2,8%.

España, por contra, no se ha visto afectada por las rebajas y, según los cálculos de Bruselas, terminará el año creciendo un 3,7%, al mismo ritmo previsto en primavera. El cálculo de la Comisión refuerza las tesis mantenidas por el Gobierno español de que este año la economía nacional no se verá perjudicada por una crisis hipotecaria, que está alejada de los bancos y de los inversores españoles. Ayer, el presidente del Gobierno insistió en la bonanza de la economía española y la enfatizó con un símil futbolístico: 'La economía española juega en la Champions League'.

El motivo de la revisión por Bruselas ha sido un intento de apaciguar a los mercados y de intentar clarificar el posible efecto de la crisis subprime sobre la economía real europea. El análisis se ha centrado en las siete primeras economías europeas, y el resultado es resultado desigual. De las siete, a tres les rebaja las expectativas de crecimiento: Francia, la peor parada, que cae en cinco décimas, Alemania y Holanda. En medio, junto a España, Italia conserva sus anteriores previsiones, aunque continúa a la cola con un crecimiento del 1,9%. Y mejoran Reino Unido y Polonia, ambas fuera de la zona euro. A pesar de este escenario, los datos aportados por la Comisión no despejan en absoluto la gran incógnita sobre el impacto en Europa de la tormenta originada en EE UU.

Aunque haya margen para el optimismo, sí hay que resaltar un hecho preocupante. La Comisión reconoce que se siente incapaz de pronosticar cuál puede ser en comportamiento de las economías el próximo año. A pesar de la insistencia de los informadores, Almunia rechazó avanzar una estimación. Eso quiere decir que, a pesar de apaciguarse para lo que queda de año, las incertidumbres a medio plazo persisten.

En clave española, tanto los servicios de estudios como los organismos internacionales y el propio Gobierno han repetido que el año que viene la actividad no continuará a los altos ritmos de mantenidos en 2006 y 2007. Pero es falaz -y también irresponsable- cargar las tintas sin base y dar pábulo al pesimismo. Igual que hablar de recesión de la economía española es hoy, como poco, extravagante. Aumentos continuados del PIB al 4%, como los encadenados varios trimestres consecutivos después de más de 13 años de crecimiento, no durarán eternamente. La ralentización en la construcción residencial se dejará notar y es previsible que el PIB aumente en torno al 3% en lo que queda de año. De ser así, tal y como se apunta desde distintos foros, la economía española seguirá siendo un alumno aventajado.

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