Crónica de Manhattan

El nuevo líder americano

No es fácil encontrar el libro Testimonio en las librerías de Nueva York. Es una obra muy recomendada por el ex legislador republicano Newt Gingrich, que dice de ella que es 'la mejor guía que nunca se ha escrito sobre los retos que tiene ante sí América. Los candidatos, los de los dos partidos, deberían leerlo'.

Los comentarios de Gingrich pueden llevar a la confusión porque el libro, en realidad, no es una aportación intelectual sobre el futuro de EE UU. La segunda parte de su título lo aclara: Francia en el siglo XXI, y es el manifiesto preelectoral de Nicolas Sarkozy, presidente de Francia desde mayo.

Así son las cosas. El líder del país que los conservadores adoran detestar y que desde la desastrosa guerra de Irak se ha visto como la cuna del antiamericanismo es toda una figura a la que emular. El nuevo líder.

Hasta ahora en el partido de George W. Bush el ideal político era Ronald Reagan. Y lo sigue siendo. Con la excepción del recién incorporado a la carrera, Fred Thompson (ex senador y actor de la serie Ley y orden), todos los candidatos por el Partido Republicano han mentado expresamente su espíritu y legado político a la hora de saltar al ruedo de las primarias. Pero ahora Reagan comparte aura con Sarkozy.

Su victoria fue recibida con euforia en EE UU porque se considera que el nuevo presidente francés es pro americano.

Gingrich hace notar que en Testimonio, Sarkozy alaba la capacidad de autocrítica americana y la disposición a la corrección de los errores. Además quiere acabar con la jornada de 35 horas y reducir impuestos a las empresas.

El ex alcalde de Nueva York, Rudolph (Rudy) Giuliani, es un fan de Sarkozy y resume el libro diciendo 'trata de un presidente de Francia que cree que América tiene las ideas adecuadas'. A Giuliani, el más popular de los candidatos republicanos, le gustó que The New York Post calificara a Sarkozy de 'Rudy francés' y habla entusiasmado de él. Otros candidatos republicanos como Mitt Rommey y John McCain también son fans.

Incluso el demócrata Barack Obama ha hablado con él de Darfur.

Los republicanos no mencionan lo que no les cuadra. Tras ganar las elecciones, Sarkozy pidió a EE UU amistad, pero sin que ésta pasara por estar de acuerdo con Washington siempre. El premier francés está contra la guerra de Irak, la pena de muerte y sus reformas se verían en EE UU como socialistas.

El magnífico cronista de The New Yorker, Adam Gopnik, retrataba recientemente al presidente francés y recordaba que éste admira y quiere emular a Bill Clinton y que a Condoleezza Rice le pidió que mejorara la imagen de EE UU en el mundo.

'No es reflexivamente antiamericano como lo era Mitterrand o como un converso Chirac. Su americanismo es más un intento de actuar como lo haría un americano que estuviera al frente de Francia', dice. Este autor argumenta que Sarkozy, como Gordon Brown o Angela Merkel, no considera a América 'su primera preocupación, como Blair y Chirac'. 'Lo que quieren es normalizar relaciones con un gran poder que ya no es único', asegura.

Gopnik concluye que su elección no debe ser analizada como el inicio de una era más pro americana en Europa, sino más bien post-americana.

Puede que lleve razón, pero la mitad del discurso del francés le hace triunfar al otro lado del Atlántico.