EDITORIAL

Los números negros de Berlín

Cuando arrancó la Unión Monetaria Europea sus fundadores creían que el comportamiento del desarrollo económico sería homogéneo en todas las zonas, condicionado aunque sólo fuese por el hecho de disponer de una política monetaria común, si previamente se lograba armonizar también la fiscal y los movimientos de los precios. Pero ni siquiera nueve años después se ha logrado, y el comportamiento económico ha sido siempre asimétrico. Lo que los más pesimistas esperaban era que el crecimiento se concentrase en los países centrales y que fuese la periferia la más dañada. Pero ocurrió lo contrario: la periferia, acostumbrada a políticas fiscales laxas, descubrió la estabilidad y la financiación barata, y se convirtió en locomotora de la zona euro mientras Alemania, motor tradicional, purgaba los excesos financieros de su reunificación.

Pero ahora Alemania se ha incorporado definitivamente al modelo que había inspirado para los demás. Tras dos años de crecimiento sostenido de su actividad gracias a la confianza dispensada por un Gobierno de coalición conducido por Angela Merkel, Berlín ha vuelto a los números negros. En los seis primeros meses de este año ha logrado un superávit de sus cuentas públicas que no consolidaba desde la reunificación del territorio, si despreciamos el ejercicio en el que de forma extraordinaria ingresó una desorbitante cantidad por las licencias de la telefonía UMTS.

Los ingresos por IVA se han incrementado un 18% tras la subida de tres puntos en el tipo general. Los alemanes han encajado el castigo tributario a cambio de consolidar las cuentas primero, para evitar presiones inflacionistas, y con la promesa de que después vendrá la rebaja estructural de los impuestos personales, como antes llegaron las rebajas de los empresariales. Sólo falta que economías como la francesa o la italiana sigan el mismo itinerario que la alemana para recuperar la zona euro plenamente. Además, lograrán lo que el BCE demanda desde hace nueve años para administrar una política monetaria más flexible.