EDITORIAL

De Tabacalera a Imperial

Una de las grandes incógnitas empresariales de los últimos meses, el futuro de Altadis, empieza a despejarse. Ayer, la británica Imperial Tobacco puso por fin sus cartas sobre la mesa y lanzó una opa a 50 euros por cada título de la empresa hispano-francesa, es decir, 12.800 millones por su 100% o 16.200 si se tiene en cuenta la asunción de la deuda de Altadis.

A la espera de ulteriores movimientos, en los que el mercado no termina de creer, la unión de Imperial y Altadis dará lugar a la cuarta empresa del sector en el mundo, con un cuota de mercado del 5%. Se situaría por detrás de Altria (18% del mercado mundial), British American Tobacco (12%) y Japan Tobacco (11%). Se trata, pues, de una operación de calado, en la que Altadis ha tenido que desempeñar finalmente el papel de cazado en lugar del de cazador. Y es que la espectacular guerra de precios iniciada hace dos años en España, unida a la creciente presión contra el consumo de tabaco, han terminado por afectar al músculo financiero e industrial de Altadis.

Al margen de las consideraciones estrictamente industriales y financieras, la oferta de Imperial Tobacco, que cuenta con el visto bueno del consejo de administración de Altadis, supone el punto final de uno de los grandes símbolos de la industria española, la Tabacalera, fundada en 1945. Cierto es que desde su fusión con Seita, hace ya ocho años, en Tabacalera empezó a hablarse francés, además de español. Pero no lo es menos que el peso español siempre ha prevalecido en Altadis. La situación tras la oferta de Imperial, a no ser que cuaje una alternativa española que no termina de ver la luz pese a los esfuerzos del Gobierno, es radicalmente distinta.

El futuro de Logista, de Aldeasa, del actual equipo directivo y del acuerdo con Cuba para el negocio de puros son varias de las primeras cuestiones a resolver. Y en las dos últimas, el papel que juegue Antonio Vázquez, el actual presidente de Altadis y gran muñidor del negocio cubano del grupo, se antoja vital.