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Columna
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Turquía, puerta abierta a la ruta de la seda

La designación del islamista Abdulá Gül para ocupar la presidencia de Turquía ha desatado una profunda crisis en el país, que mira de reojo la reacción de los militares. El autor analiza en clave económica este proceso, de cuya resolución depende, en su opinión, su ingreso en la UE.

José Carlos Díez

Asisto estupefacto al que podría ser el enésimo golpe de Estado en Turquía y me aterra pensar en las implicaciones que tendría sobre la actividad económica turca, pero también sobre la europea. En España, cada día nos parecemos más a la sociedad estadounidense y centramos todo el interés de la opinión pública en los asuntos internos, mirando a los noticias externas como algo lejano y extraño. La realidad es que el mundo es cada vez más global y España es una de las economías más abiertas del planeta, por lo tanto somos uno de los países más sensibles a ese fenómeno maravilloso que llamamos globalización.

En un momento en el que el debate global está dominado por cuentos chinos, la realidad es que Turquía es un país clave y tiene, al menos, la misma trascendencia que China para la Unión Europea. Estamos hablando de un mercado de más de 70 millones de consumidores, que miran a Europa con admiración y aspiran a comprar nuestros bienes y a alcanzar nuestro nivel de vida. Hay dos Turquías: la atrasada y rural y la desarrollada y urbana. La Turquía urbana ya es un mercado estratégico para las empresas europeas y el potencial de crecimiento del país es enorme.

Además, en un momento en que el centro geográfico de la economía mundial se desplaza hacía Oriente, Turquía es un país clave para los europeos para posicionar a nuestras empresas en la antigua ruta de la seda, que incluye: Asia, Oriente Próximo y gran parte de la antigua URSS. Los europeos andamos preocupados por los efectos de la depreciación del dólar, sin saber que el crecimiento de nuestras exportaciones, en los dos últimos años, se ha concentrado en la ruta de la seda. En esos países -muchos de ellos formaron parte del antiguo Imperio Otomano- Turquía está llamada a jugar un papel estratégico. Las diferencias culturales e idiomáticas forzarán a las empresas europeas a buscar en Turquía los profesionales y las alianzas empresariales necesarias para atacar estos mercados.

Europa debe usar su influencia para presionar al Gobierno de Erdogan con el fin de dar una solución política a la crisis

La importancia del área aumenta exponencialmente en la redefinición de aprovisionamiento energético europeo. En un momento en que Europa recela de Rusia como suministrador, Kazajistán y las jóvenes repúblicas del Caspio son claves para contrarrestar el poder de negociación del Kremlin y reducir nuestra dependencia rusa. De nuevo aparece Turquía con un papel estelar en todo el proceso.

La realidad política turca es que el partido demócrata islámico del presidente Tayyip Erdogan cuenta con una holgada mayoría parlamentaria y las encuestas, antes de la crisis, anticipaban que volvería a revalidar esa mayoría en las próximas elecciones. Por lo tanto, las manifestaciones multitudinarias de los últimos días son relevantes pero, en democracia, los Gobiernos se eligen en las urnas y no en las manifestaciones.

Los militares son pésimos políticos y ya hay evidencia empírica suficiente para afirmar que la respuesta militar ha sido un fracaso en Turquía. Todos los golpes anteriores han provocado inflaciones galopantes, crisis cambiarias, frenazos bruscos de la economía y aumentos significativos de la tasa de pobreza.

La Unión Europea debe apoyar con firmeza al Gobierno legítimo y rechazar de manera tajante la opción militar. Europa debe usar su influencia para presionar al Gobierno de Erdogan, con el fin de dar una solución política a la crisis. La democracia es algo más que la aritmética parlamentaria y algo más que la dictadura de las mayorías. El presidente Erdogan debe tener visión de Estado y demostrar que un Gobierno sustentado por un partido islámico es capaz de gobernar sin perjudicar los derechos de la Turquía laica, que ha costado varias décadas conseguirlos.

España debe jugar un papel relevante en esta crisis. Aunque nuestra influencia histórica en el país es ridícula, la excelente relación personal de nuestro actual presidente del Gobierno con el presidente Erdogan nos sitúa al mismo nivel que Alemania, Francia y Reino Unido.

Turquía se juega en la resolución de esta crisis su ingreso en la Unión Europea y los españoles debemos actuar en clave europea, pero tenemos una oportunidad histórica para posicionarnos de manera estratégica, para aprovechar todas las oportunidades de negocio que surgirán en esta zona del mundo.

Estos países han estado muchas décadas narcotizados por el comunismo y la planificación económica, pero comienzan a desintoxicarse y les espera un futuro prometedor. Su renta per cápita estará en función de su capacidad de resolver crisis de este tipo y conseguir un entorno de estabilidad que favorezca la actividad empresarial. La nuestra dependerá de nuestra capacidad para sacar provecho de las oportunidades, la crisis de Turquía es un excelente ejemplo.

José C. Díez. Economista jefe de Intermoney

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