TRIBUNA

Las compañías españolas frente al clima futuro

Seguramente, a estas alturas, a nadie sorprenderá saber que, de acuerdo a los asistentes al pasado Foro Económico Mundial celebrado en Davos, el cambio climático no sólo constituye el asunto que tendrá un impacto más profundo sobre el mundo en los próximos años sino que, paradójicamente, se trata de la cuestión frente a la cual la humanidad se encuentra menos preparada. El consenso alcanzado en Davos es especialmente relevante; sobre todo, refleja un brusco cambio de la opinión pública frente a este asunto.

La misma opinión pública que hace no tanto tiempo miraba con indiferencia a esta cuestión, ahora está sometiendo a una presión creciente a Gobiernos y compañías para que dejen de arrastrar los pies y adopten medidas para mitigar los efectos del cambio climático. Así son las cosas. Además, como cabría esperar, son multitud aquellos que ven el fin del mundo a la vuelta de cada esquina. Esperemos que se equivoquen. Como decía Jared Diamond en El Tercer Chimpancé, todas las predicciones sobre el fin del mundo serán falseadas; excepto la última. En definitiva, el cambio climático se ha situado definitivamente en el punto de mira de la opinión pública. Pero también los mercados están prestando atención.

Buena parte del actual clima de opinión sobre el cambio climático la tiene el Informe Stern. Como es sabido, el mencionado informe constituye uno de los análisis más profundos desarrollados hasta la fecha sobre los efectos del cambio climático en la economía mundial. Sin embargo, esto no debería dar a entender que las compañías y los mercados hayan permanecido ajenos a la cuestión. En los últimos tiempos, una buena parte de las compañías más avanzadas del mundo han anunciado medidas destinadas a situarse en vanguardia de la mitigación de cambio climático. También los inversores institucionales llevan algún tiempo interesándose por los esfuerzos de las compañías en esta materia. Algunos, casi una década.

En el año 2000 se presentaba el Carbon Disclosure Project, una asociación de los mayores inversores institucionales del mundo para analizar las implicaciones empresariales del cambio climático. Carbon Disclosure Project solicita periódicamente a las mayores compañías del mundo que divulguen voluntariamente información sobre sus riesgos y oportunidades asociados al cambio climático. La última solicitud de información de la iniciativa contó con el respaldo de alrededor de 300 inversores institucionales. En su conjunto, dichos inversores gestionan activos que multiplican varias decenas de veces el PIB de España. En el listado de instituciones firmantes abundan los nombres conocidos, aunque por el momento ningún inversor institucional español parece haberse interesado por la iniciativa.

Con la información remitida por las compañías se elabora el Climate Leaders Index, constituido por las 50 compañías del mundo cuyas respuestas dan a entender planteamientos más avanzados en la materia. Dos compañías españolas del sector de la energía figuran en el ranking. Carbon Diclosure Project ha servido como espoleta; numerosas instituciones financieras, como Allianz, AIG o Goldman Sachs han formalizado recientemente sus políticas con respecto al cambio climático. Parece, por tanto, que no sólo la opinión pública sino también los mercados están prestando atención.

Recientemente, también Citigroup Global Markets tomaba posición sobre el asunto. Su servicio de estudios publicaba un análisis sobre las implicaciones regulatorias, físicas y de comportamiento empresarial, del cambio climático y sus consecuencias en los mercados de capitales. El estudio también ofrece un listado de los ganadores del cambio climático; las 74 compañías internacionales mejor situadas en el nuevo escenario. Seis de esas compañías son españolas. Lejos de las 30 compañías norteamericanas incluidas, pero en mejor posición que las cuatro británicas o las cinco francesas.

Quizá lo más destacable del informe de Citigroup resida en su posición de partida. La cuestión para los inversores, mantiene el informe, no es tanto cuantificar o estimar los efectos del cambio climático; ni apuntar de modo definitivo a su origen. La cuestión es que las compañías, los Gobiernos, los inversores y los consumidores están reaccionando a una amenaza percibida. Esto está originando cambios regulatorios y afectando el modo en el que las compañías y los inversores se comportan. De este modo los mercados ya contemplan el cambio climático en sus decisiones. La buena noticia reside en saber que, al parecer, algunas compañías españolas se encuentran en las posiciones de cabeza. A ver si cunde el ejemplo.

Ramón Pueyo Economista de KPMG Global Sustainability Services. rpueyo@kpmg.es