Lealtad, 1

Bernanke, el apagafuegos

No es fácil ganarse la confianza del mercado cuando se es presidente de la Reserva Federal. Hay que demostrar, con hechos y con palabras, que se está al pie del cañón, que se vigila intensamente todo riesgo que amenaza a la economía. Y es en los momentos de mayor tensión cuando sale a flote la pasta de la que se está hecho.

El actual presidente de la Fed, Ben Bernanke, ha vivido esta semana una prueba de fuego de la que ha salido probablemente reforzado. El martes, los mercados sufrieron un desplome, desde China hasta Nueva York, que se saldó con la mayor caída en Wall Street desde 2002. Un día después, el presidente de la Reserva Federal comparecía ante el comité presupuestario del Congreso. Allí habló de lo sucedido la víspera. Habló y convenció, porque los mercados americanos cerraron con subidas. Demostró ser el apagafuegos que los inversores requieren de un banquero central.

No lo tenía fácil Bernanke. No sólo tuvo que tranquilizar al mercado sobre la capacidad del sistema financiero para asumir un desplome de estas características, sino que tuvo que enmendar la plana a su predecesor en el cargo, Alan Greenspan, que el lunes afirmó -o así se interpretó- que la economía estadounidense podría entrar en recesión a final de año.

Bernanke dijo que no. Que según sus previsiones la economía podría repuntar en la segunda mitad del año tras una leve desaceleración y que, además, el sistema financiero funciona bien. Los inversores le tomaron la palabra.

Dicen los analistas que Bernanke está aprendiendo de sus errores. Desde su llegada al cargo, en enero de 2006, ha sufrido algún tropiezo. Sus palabras han sido malinterpretadas en alguna ocasión y han debido ser posteriormente matizadas.

Pero puede que tras el shock de esta semana se haya ganado el respeto de la comunidad financiera. Como le sucedió a Greenspan, cuando reaccionó con una rebaja de los tipos de interés a la crisis asiática de 1987. Y sólo llevaba dos meses al frente a la Fed.