Secretos de despacho

Mucha paz en Abadía Retuerta

Donald Cusimano trabaja en un espacio histórico en la 'milla de oro' del vino

En el despacho pasa poco tiempo. Y no es de extrañar. Cualquiera que trabajara en el mismo entorno natural que Donald Cusimano, neoyorquino, de 51 años, lo último que haría sería estar encerrado entre cuatro paredes. El director general de la bodega Abadía Retuerta, ubicada en la denominada milla de oro del vino, en Valladolid, trabaja rodeado de vides, paz y silencio, dentro del marco de un imponente edificio que fue la casa madre de los monjes premonstratenses en España y donde se combinan elementos románicos, góticos y barrocos. Le gusta pasear por la viña y la bodega, visitar a los clientes, pero últimamente lo que le ocupa gran parte de su tiempo es la puesta en marcha de un ambicioso proyecto para convertir el templo románico del siglo XII y su entorno en un destino turístico.

Pero son precisamente el equipo y los retos los principales motores de este ejecutivo, que acumula más de 25 años en el sector vinícola. 'En estos momentos me encuentro con uno de los proyectos más emocionantes dentro del mundo del vino, en un magnífico valle donde hacemos vinificación por pagos', afirma Cusimano. Pero su pilar más importante es el equipo de profesionales. 'Hemos invertido en tecnología puntera, pero sin la gente no podemos conseguir nada'. Para probar la valía de la plantilla que dirige, destaca el enólogo de la bodega, que tiene en su haber un doctorado en vino en Burdeos.

Donald Cusimano reconoce tener buena cabeza para el marketing, algo necesario en un sector cuyo principal problema, en su opinión, es 'que el bodeguero no se ha quitado la mentalidad tradicional que tiene de estar en la bodega y no salir a la calle'. Se disculpa por no tener un 'escritorio de lujo', porque se pasa la vida viendo clientes.

A pesar de ello, su despacho parece bastante trabajado: papeles, libros y botellas de vino, copas y hasta ropa de faena. 'No suelo ir nunca de traje, aquí siempre llevo un atuendo mucho más informal'. Cree que su principal aportación a la compañía ha sido el amplio conocimiento que tiene del sector. De hecho, pasó más de dos décadas en el grupo Seagram, de bebidas espirituosas y vinos, donde llegó a ocupar la presidencia. 'Cuando desapareció esta compañía se refiere a la fusión de Seagram, propietarios de los estudios Universal, con Vivendi, que desencadenó la desaparición de la parte de bebidas, ya me daba por jubilado y juré que nunca más trabajaría para otros, pero cayó en mis manos un proyecto que no podía desaprovechar. No se pueden dejar pasar los trenes'.

Así, sucumbió a la tentación de la llamada del cazatalento que le propuso hacerse cargo de la bodega Abadía Retuerta, propiedad del grupo farmacéutico Novartis. Estaba convencido de que no cogería el puesto, pero cuando un domingo iba a comprar el pan y el periódico decidió acercarse hacia Sardón de Duero, el término municipal donde está ubicada la bodega. 'Fue un amor a primera vista, sobre todo porque el lugar era un remanso de paz y de tranquilidad. El marco es incomparable'. Ahora va y viene de Valladolid, donde tiene casa, a Madrid, donde sigue manteniendo su hogar, aunque él se ha empadronado en su lugar de trabajo.

A pesar de que había renunciado a volver al trabajo, Cusimano le dedica las 24 horas del día a su ocupación. 'No veo lo que hago como una obligación, es mi vida, y me divierto muchísimo trabajando'. Los únicos momentos que le generan estrés tienen que ver con las negociaciones a las que ha de enfrentarse con los importadores, que siempre suelen ser a largo plazo, 'y las esperas me generan impaciencia'. La única exigencia que le pide Novartis es que mantenga las cuentas equilibradas y que conserve el patrimonio histórico que envuelve a la bodega.

En este sentido, el grupo invertirá 14 millones de euros en rehabilitar el edificio, que dará cobijo en 2008 a 15 habitaciones de lujo. En esta fecha, Cusimano y su equipo se trasladarán del actual edificio que ocupan, de corte bastante funcional, al histórico templo. 'La única manera de mantener el patrimonio es viviéndolo. Los edificios, si no los ocupas y les das calor, acaban deteriorándose'. Lo que sí seguirá escuchando es el silencio.

Una mirada al pasado

Cuando se trabaja en un espacio con varios siglos de historia, lo mínimo que se debe hacer es respetarla. Así lo cree Donald Cusimano, que para no olvidar lo que era Retuerta conserva un mapa de la finca de 1887. El pasado está muy presente en su vida. Guarda en un lugar especial las fotos de 27 compañeros que fallecieron trágicamente en el atentado del 11-S en Nueva York. De la pared también cuelga un mapa italiano, recuerdo de sus antepasados paternos que emigraron a Estados Unidos. Y otro mapa antiguo de Londres, ciudad en la que vivió durante seis meses y de la que mantiene un grato recuerdo. 'Es muy importante tener siempre muy presente el pasado, sobre todo en un negocio como el del vino, donde las tradiciones y las raíces de la tierra conviven con la tecnología moderna'. Tampoco olvida cuando llegó a España a aprender guitarra y de lo que se aficionó fue al vino.