EDITORIAL

El optimismo empresarial crece

La economía española acumula ya doce años de crecimiento consistente, y, a juzgar por las opiniones de los empresarios, no se vislumbra otra cosa que optimismo para el futuro. La última oleada del Barómetro Empresarial Cinco Días-Metroscopia revela que el estado de ánimo de las empresas ha recuperado los niveles de euforia más altos del ciclo, a principios de 2004, y su reflejo en las expectativas para 2007 son coherentes con este proceder: mejora de la inversión, de los beneficios y de la creación de empleo. Esta última variable social, tradicionalmente menos generosa que las de contenido económico, descuenta la expectativa más vigorosa de toda la serie histórica del barómetro, que arrancó en otoño de 2003. Por tanto, tras un 2006 excelente en la economía, tanto para las empresas pequeñas como para las grandes corporaciones, 2007 se divisa tan brillante o más. Los mercados financieros, que caminan delante descontando excedentes futuros, hacen una lectura holgadamente optimista en España.

No se debe perder de vista que la economía española se desenvuelve en un escenario de fuerte crecimiento de la producción en todo el mundo, y, por vez primera desde la Segunda Guerra Mundial, homogéneo en casi todo el planeta. æscaron;nicamente Europa y Japón registran tasas modestas, pese a rondar el 2% en avance interanual. Esta corriente de generación de riqueza alcanzada con la globalización a velocidad de crucero está conformando lo que para España será seguramente el ciclo alcista más longevo de su historia.

Pero la política económica aplicada en España ha encontrado también mecanismos para explotar el crecimiento más allá de su tasa potencial: estabilidad financiera pública, mercado de trabajo con flexibilidad de oferta de mano de obra, estímulo monetario expansivo y un decidido paso al frente tanto de familias como de empresas en sus decisiones de inversión.

Sin embargo, la frondosidad del arbolado no debe ocultar la realidad del bosque. El desarrollo tan abultado por tanto tiempo genera desequilibrios que terminan erosionando la maquinaria del crecimiento. Además de la discutible sostenibilidad de un déficit por cuenta corriente tan abultado y la creciente necesidad de financiación para sostener la actividad, los propios empresarios afloran en la encuesta que hoy publicamos algunos desequilibrios más que, por afectar a la parte más débil de la cadena económica, como es la calidad del empleo, pasan más inadvertidos.

La ocupación registra una exuberancia nominal desconocida en España, pero su calidad no avanza al mismo ritmo. En los últimos doce meses, el crecimiento del empleo fue de un 3,6%, prácticamente igual que el PIB, lo que deja la productividad estancada. La falta de calidad aflora también en la relación contractual, crecientemente temporal. De hecho, la mitad de los empresarios no ha convertido ni un solo temporal en fijo en los cien primeros días de aplicación de los nuevos incentivos fijados en la reforma laboral.

Los propios empresarios apuntan la solución más razonable: destinar los excedentes fiscales (cerca de 12.000 millones al año) a reforzar el sistema educativo y contribuir a un modelo de crecimiento más competitivo, en el que la formación se transforme en productividad.