EDITORIAL

La verdadera velocidad del ADSL

Si un consumidor adquiere un kilo de naranjas y el frutero le da 440 gramos, pero le cobra todo el kilo es fácil que el cliente se sienta, cuando menos, defraudado, si no estafado. El suministrador está obligado a proporcionar lo que se anuncia al precio que oferta y el consumidor espera obtener lo que se anuncia por lo que paga. Esto, que funciona como un principio elemental en cualquier relación de compraventa de bienes o servicios entre un suministrador y un consumidor, no parece regir de manera tan clara en algunos casos. Entre ellos, el servicio de telecomunicaciones que más ha crecido en los últimos tiempos y uno de los que aún tiene mayor potencial: el de la señal de internet a alta velocidad.

Las cada vez más comunes ofertas de ADSL a 20 megas de velocidad están lejos de ser una realidad. La media de velocidad de estos servicios se queda a las puertas de los 9 megas, es decir, a un 44% del objetivo anunciado. Es la principal conclusión del primer estudio a gran escala que se realiza en España sobre cómo se cumple el servicio en este tipo de ofertas. Aunque haya que descontar un 15% del caudal de la señal, que se pierde por interferencias y otros inconvenientes de tipo técnico, parece que el usuario puede exigir más.

Las compañías se escudan en la preposición 'hasta', antepuesta a su oferta -'hasta 20 megas'- o en que el usuario admite en su contrato flexibilidades como que se conforma con recibir el 10% de lo anunciado. Pero lo cierto es que, cuando la guerra contra la letra pequeña ha ganado muchas batallas en sectores como el financiero, los seguros o la distribución, ésta parece sentar sus reales en las telecomunicaciones.

El hecho de que mediante contratos más caros se puedan conseguir mejores prestaciones indica que el problema no es tecnológico. Por eso es exigible a las empresas que cumplan sus promesas y no obliguen al usuario, muy a menudo otra empresa, a confundir la velocidad con otras cosas.