Análisis

Las escopetas son para el otoño

Eon pidió paso para ir de caza mayor por España el pasado mes de febrero con su inesperada opa sobre el 100% de Endesa. Ante la incapacidad del país (instituciones y empresas) para responder en ese momento a semejante reto, el Gobierno se lo concedió formalmente en verano al permitir su entrada en la eléctrica previo cumplimiento de una serie de condiciones.

El arranque de los alemanes puso en guardia a las primeras escopetas del boyante mundo empresarial español: los grandes constructores. Asentados sobre una ingente capacidad de generación de Ebitda y con la liquidez amasada en un decenio brillante para el sector, sus gestores están decididos a que la temporada de caza en el sector energético se salde con el menor número de piezas en zurrón foráneo.

El primero en tomar posiciones, como casi siempre, fue Florentino Pérez, con su entrada en el capital de Fenosa y su opa parcial posterior, que le permitió convertirse en socio de referencia de Unión Fenosa. Sin previo aviso ni rumor anticipador apareció hace pocos días la familia Entrecanales, que trata de hacerse con hasta el 24,9% del capital de Endesa y arrebatarle su codiciada presa a Eon. El presidente de ACS respondió de inmediato y precipitó una operación diseñada con antelación para irrumpir en Iberdrola con vistas a una fusión con Fenosa. El objetivo: crear una gran eléctrica española difícilmente comprable desde fuera.

Y ante las especulaciones sobre cuál iba a ser la actitud del grupo Repsol, primer accionista de Gas Natural, autor de la primera opa sobre Endesa y quien abrió la caja de pandora en el sector energético, ayer entró la tercera escopeta en liza para aclarar algo el panorama. Luis del Rivero irrumpe en la petrolera con la intención de convertirse en su accionista de referencia. Ahora tiene el 9% y persigue llegar al 15%. De momento ha puesto sobre la mesa 2.800 millones en una iniciativa con todas las bendiciones de La Caixa, por ahora primer accionista de la petrolera. Una entente que perseguiría también bloquear cualquier intento de caza por parte de algún coloso del sector.

El tiro de Sacyr se venía rumoreando desde hace días, y ayer se empezó a filtrar desde primera hora de la mañana. Curiosamente, el anunció de la entrada en Repsol se produce el mismo día en que Del Rivero logra -recursos de su contrincante Isolux ante la CNMV al margen- una presa hipotéticamente menor: la concesionaria Europistas. ¿Casualidad? Previsiblemente, no. Esta pequeña sociedad cotizada es el vehículo que permitirá a Sacyr sacar a Bolsa su filial de concesiones Itinere, con quien se fusionará Europistas.

En otras palabras, Europistas, por la que la constructora ofrece 1.200 millones, permite poner en valor la filial de Sacyr, tasada por la matriz en 4.200 millones. De hecho, el nuevo socio de Repsol prevé realizar una colocación de acciones de la concesionaria para darle liquidez. Si aprovecha esta operación para vender parte del capital que controlará de la nueva sociedad, cercano al 84%, Del Rivero puede lograr unas importantes plusvalías para financiar la compra de Repsol.

Ahora unos y otros tienen que demostrar que esta cacería de otoño, además de dejar en manos españolas la energía, beneficia a sus accionistas, creando valor en la sociedad matriz, y no perjudica a los consumidores de tan preciado bien estratégico.