TRIBUNA

Tensiones e inmunidad ante el petróleo

La economía mundial parece no acusar el aumento continuado de los precios energéticos, lo que echa por tierra las previsiones de los mercados. El autor analiza el impacto de las tensiones que se ciernen sobre un crecimiento que no atiende a los modelos tradicionales de la economía

El consenso a principios de este año en los mercados petrolíferos era que los riesgos geopolíticos iban a contar menos que en años precedentes, y que el esperado aumento de la oferta con respecto a la demanda ayudaría a estabilizar e incluso presionar a la baja los precios del crudo. Parece cada vez más claro que este consenso estaba equivocado, tanto en el equilibrio oferta y demanda como en el impacto del riesgo geopolítico, y los precios del crudo siguen su cabalgada hacia arriba.

El equilibrio oferta/demanda está respondiendo a patrones que se repiten año tras año: la demanda sigue sorprendiendo al alza, y la oferta sigue sorprendiendo a la baja. La demanda de consumo sigue fuerte, apoyada por un crecimiento económico mundial que no da muestras de debilidad, y por tanto hay todavía escasa evidencia de destrucción de demanda debido al vertiginoso aumento de los precios. Con la estación veraniega aproximándose -que produce un gran aumento estacional de la demanda de gasolina- y la capacidad de refino todavía no recuperada completamente tras los destrozos del huracán Katrina el verano pasado, las perspectivas para los precios de la gasolina no son halagüeñas. La demanda por motivo de precaución sigue alta, debido en parte al riesgo geopolítico y en parte a la redistribución de reservas internacionales hacia activos tangibles, como el oro o el petróleo. Con mercados todavía muy estrechos e ilíquidos, esta demanda por motivo de inversión induce una fuerte presión al alza en estos mercados.

La oferta continúa con el patrón de años anteriores: el esperado aumento de producción en países no pertenecientes a la OPEP no llega; al contrario, la producción en esta zona es menor de la esperada y, junto con las cada vez peores perspectivas en Irak, contribuye a una situación muy ajustada de capacidad. A esto hay que sumar las constantes interrupciones de producción en Nigeria, donde más de medio millón de barriles de crudo de altísima calidad -crudo que Arabia Saudí no puede reemplazar- llevan fuera del mercado desde hace varios meses debido a la rebelión en el delta del río Níger.

Los precios del crudo se aproximan, en términos reales, a los de las crisis de los setenta, pero su efecto sobre el PIB es menor

La tensión geopolítica continúa con la escalada de tensión entre Irán y el mundo occidental. El proceso está siguiendo su curso esperado, con Irán firme en su posición de continuar el proceso nuclear y el mundo occidental dispuesto a llevar el caso a Naciones Unidas. Claramente, esto abre la puerta a sanciones y últimamente a acciones militares, y los mercados llevan varios meses asignando una probabilidad (escasa todavía pero creciente) a este escenario. Un ataque militar en Irán implicaría la posible pérdida de varios millones de barriles de crudo diarios más el cierre del estrecho de Ormuz, una de las vías principales del comercio del crudo.

A esto hay que añadir el pronóstico de la temporada de huracanes de este verano, que comienza el primero de junio. Los cálculos de oferta de la Agencia Internacional de la Energía no incluyen -lógicamente, dado el altísimo margen de error- la posible destrucción de oferta de los huracanes. Pero las proyecciones de los principales centros de investigación meteorológica anuncian una actividad mayor de la normal. Por ejemplo, el prestigioso Proyecto Meteorológico Tropical de la Universidad de Colorado State predice un alto número de tormentas tropicales (17, comparado con una media de 9,6) y de huracanes (5, comparado con una media de 2,3). En vista de los destrozos del año pasado, es lógico pensar que las alarmas meteorológicas probablemente tendrán un amplio impacto al alza sobre los precios del crudo este verano.

Lo más inesperado de la evolución reciente del mercado petrolífero es la aparente inmunidad de la economía mundial al aumento continuado de los precios energéticos. Visto en perspectiva, tanto el crecimiento como la inflación han respondido muchísimo menos de lo indicado por los modelos macroeconómicos a la triplicación de los precios del crudo. Es por tanto arriesgado predecir cuándo comenzará a tener un impacto.

En términos reales los precios se están aproximando a los máximos alcanzados en las crisis de los años setenta, pero la intensidad energética del PIB es mucho menor, así que probablemente la economía tenga capacidad para absorber precios superiores a los actuales. Además, el control de la inflación por parte de los bancos centrales es muy superior, y por tanto el impacto inflacionista -y por tanto la reacción de los tipos de interés- es mucho más mesurado. Finalmente, esto nos recuerda el tremendo impacto del doble shock positivo de oferta -la revolución tecnológica y la duplicación de la fuerza de trabajo mundial- sobre la economía mundial.