EDITORIAL

El petróleo mina la confianza

La cotización del petróleo está ya en 75 dólares por barril y ha actualizado los temores a una quiebra en el ciclo económico. Y lo hace pocas semanas después de que los organismos internacionales celebraran con euforia una revisión alcista de los escenarios de crecimiento. En España, que mantiene una mejora acelerada desde hace 12 años, los temores se concentran más en los consumidores que en los productores y la Administración, aunque ésta ha admitido que otro encarecimiento sostenido del crudo dañaría la actividad. La última alarma la dio ayer el Indicador de Confianza del Instituto de Crédito Oficial (ICO), con un fuerte descenso en abril y una caída severa en las expectativas de los próximos seis meses.

Este indicador, que se elabora desde 2004, ha reaccionado en los últimos meses como un resorte a los movimientos del Brent, con pesimismo si había subidas, y con optimismo si se imponía la moderación. Sin embargo, el comportamiento final de la actividad en España no se ha resentido tras varios meses con el crudo caro. Ni siquiera el componente del consumo privado ha escenificado recortes muy apreciables.

Pero ahora las circunstancias son diferentes. Primero, porque la subida amenaza con consolidarse y multiplicarse. Segundo, porque la capacidad de resistencia es cada vez más limitada. De hecho, todos los indicadores de confianza de consumidores y productores registran en los primeros meses del año recortes llamativos en España. El clima de confianza económico está en los valores más bajos de los últimos ocho años, cuando se está recuperando en el conjunto de la UE.

Este movimiento contractivo de la confianza, acompañado con un temor justificado al rebrote de la inflación, debe ser atendido en la toma de decisiones. España no puede permitirse avances adicionales del IPC por la amplitud del diferencial con sus competidores. Dado que su capacidad de maniobra en los derivados del crudo es limitada, debería activar cuanto antes un plan integral que redujese las tasas de inflación en todos sus componentes, sobre todo en los servicios.