COLUMNA

Un paso adelante

Finalizado el Primero de Mayo, las organizaciones sindicales y empresariales ultiman el importante acuerdo que sobre materia laboral llevaban casi un año negociando. Esa reforma laboral pactada supone una excelente noticia, en estos momentos en los que la creación de empleo presenta síntomas de ralentización, aún siendo todavía notable. Aunque sabemos por los medios de comunicación muchos de sus contenidos, tendremos que esperar a la firma para conocer su exacto alcance. Por experiencia propia en este tipo de negociaciones, hasta última hora es posible que se incorpore o modifique algún punto.

Al inicio de la legislatura. El presidente Zapatero se reunió con los agentes sociales a los que pidió que trabajasen para presentar una reforma laboral pactada que sirviera para mejorar la competitividad de nuestras empresas al tiempo que las condiciones laborales de los trabajadores, en especial los colectivos más desfavorecidos, la excesiva precariedad y la siniestralidad laboral. Esa música gustó a todos. Zapatero se comprometió con las partes a no legislar sin acuerdo previo. Ese fue un ofrecimiento con riesgo, ya que relajó el ánimo negociador de las partes, que siempre tendrían la opción de retirarse a sus cuarteles de invierno si la deriva de la negociación les conducía por caminos no deseados.

Durante muchos meses, la negociación apenas avanzó. Parecía que los ánimos se iban enfriando a medida que pasaba el tiempo sin progresos significativos, y sin ninguna presión política o social que les forzara a avanzar.

La reforma laboral pactada es una excelente noticia en estos momentos en los que la creación de empleo presenta síntomas de ralentización

Y tras esta prolongada calma chicha, se desató la tormenta ocasionada por el decreto ley por el que se pagaba a UGT una importante cantidad en desagravio por su patrimonio histórico incautado tras la Guerra Civil, en una cuantía similar a la deuda viva con el ICO a cuenta del desafortunado asunto de la PSV. El propio secretario general de CC OO, hombre prudente donde los haya, arremetió contra la medida y contra el propio secretario general de Empleo, con una inaudita energía. Afirmó que el diálogo social sufriría si la medida salía aprobada en el Congreso de los Diputados.

Como finalmente el decreto entró en vigor, muchos creímos que el acuerdo en la reforma iba a resultar prácticamente imposible. Tras la tempestad, la calma. Pasaron varios meses sin volver a tener noticias de la marcha de la negociación cuando, hace apenas tres semanas, nos enteramos de que el acuerdo estaba prácticamente cerrado, tal y como confirmaron los líderes sindicales en la manifestación del 1 de Mayo.

Sin duda alguna, el anuncio supuso una grata sorpresa para los agentes económicos. En unos momentos tan tumultuosos, con el barril de petróleo desbocado, la inflación alta, los tipos de interés subiendo y el déficit por cuenta corriente disparado, un adecuado clima laboral puede ser un importante revulsivo.

¿Qué ha pasado para qué las partes que estaban tan distantes hace unos meses se hayan podido poner de acuerdo?

En primer lugar, su responsabilidad. No nos podían negar un avance. En segundo lugar, la fórmula discreta de negociación que han usado. Y, también suponemos, algún tipo de compensación de una u otra índole que equilibrara la ventaja puntual que sin duda alguna supuso el citado decreto ley para uno de los dos grandes sindicatos.

El contenido de la reforma no supone un giro radical de anteriores políticas, pero sí un paso adelante en la buena dirección. Se mejoran las prestaciones dependientes del Fogasa -que se beneficia en estos momentos de un superávit histórico- y se limita el encadenamiento de contratos temporales, al tiempo que se rebajan las cotizaciones sociales de los contratos indefinidos y se extiende el despido de 33 días a más supuestos -todavía por conocer- en caso de contratación indefinida. Lo ideal sería que todos los nuevos contratos indefinidos ya tuvieran esta indemnización.

En paralelo se elabora un nuevo cuadro de bonificaciones y se refuerza la inspección de trabajo. Mejor que más bonificaciones, sería más útil una rebaja mayor de las cotizaciones sociales. Ya puestos deberían haber acordado con el Gobierno la creación de un fondo de reserva con los excedentes de cotizaciones, al igual que ya existe en pensiones.

En resumen, lo acordado supone un avance sobre lo que teníamos. Debemos felicitar a las partes por este nuevo acuerdo que dará sosiego y estabilidad al mercado laboral.