EDITORIAL

Una oportunidad para el mercado

La opa lanzada por el grupo alemán Eon sobre Endesa, en competencia con la oferta de Gas Natural, es ante todo una oportunidad para que actúe el mercado. Y en este caso el mercado europeo, que en este sector sigue formado por islas. El proceso transcurre en un escenario que refrenda la existencia de un libre mercado del que hay que felicitarse, y en el que la voz final debe ser la de los accionistas, una vez analizadas la oferta, la contraoferta y otras posibles nuevas opciones.

El Gobierno, acertadamente, apoya la creación de un grupo energético 'fuerte y poderoso' y tiene 'la convicción de que en un sector estratégico, como el de la energía, conviene a los intereses generales tener una empresa matriz española'. En este sentido, el presidente del Gobierno ya avanzó ayer a la empresa alemana su oposición a la oferta, aludiendo a la españolidad de un sector estratégico. España no sería el primer país europeo en proteger sus empresas de opas extranjeras, como se ha comprobado recientemente en Francia o Italia. Pero cualquier respuesta debe partir de un marco de respeto a las reglas del mercado. Es a partir de éstas de las que tiene que calibrar el equilibrio entre la protección de la competencia, los derechos de los usuarios, el interés de los accionistas y las decisiones empresariales, todo ello conjugado con el interés energético de España, e incluso la seguridad nacional.

Hacer uso de la acción de oro de Endesa, el mecanismo con el que el Gobierno se reserva el derecho a vetar las grandes decisiones de empresas estratégicas privatizadas, no sería aconsejable. Y menos tras la sentencia del Tribunal de la UE contra la fórmula. Es un resquicio de intervencionismo no ajustado a un mercado único y transparente que, aunque sí se ha esgrimido, nunca se ha aplicado en España. Queda por ver el papel que ha de jugar en este nuevo escenario la Comisión Nacional de la Energía. Porque en el ámbito de la competencia parece claro que el carácter comunitario de la operación la llevará a su estudio por Bruselas. Y aquí se abre otro escenario.

La pasada semana, la comisaria europea de Competencia, Neelie Kroes, presentó los devastadores resultados de su investigación sobre la apertura del mercado energético de la UE. El informe denuncia la concentración del mercado, la integración vertical, la falta de transparencia y las elevadas tarifas que soportan los clientes industriales y particulares. Kroes amenazó con abrir expedientes de inmediato a varias compañías. La audiencia apuntó a Eon, prácticamente la única que se ha dado por aludida por la advertencia.

Pero la Comisión no ha puesto objeciones por ahora a la expansión continental de Eon. Hace sólo dos meses, le autorizó con condiciones la compra de MOL, la energética húngara. En 2001, Eon se hizo con la británica Powergen sin objeción de Bruselas. Como ha ocurrido con el otro gran gigante, el monopolio público galo EDF, Eon ha podido construir un imperio continental mientras su retaguardia estaba protegida con un mercado nacional prácticamente blindado. Todo indica que su entrada en Endesa retiraría al menos un competidor continental. Y la reordenación no ha hecho más que empezar, como demuestran las reacciones al alza de los valores energéticos en todos los mercados.