TRIBUNA

Recuperación en la zona euro

Según las previsiones más optimistas que se nos ofrecen desde el servicio de estudios del BBVA, la economía de la zona euro podría cerrar el año 2005 con un crecimiento del PIB del 1,7%, superior al previsto hace sólo unos meses. En 2006 nos podríamos enfrentar también a un crecimiento bastante más favorable aún, del orden del un 2,4%. Estas estimaciones, de un tono más bien optimista, se enmarcan en un escenario definido por la triple hipótesis de unas expectativas de consolidación de la inversión empresarial, de recuperación moderada del consumo privado y de una cierta moderación en la evolución de los precios del crudo. Unas previsiones ciertamente menos optimistas son las que anuncia el Banco Central Europeo, en lo que constituye, no obstante, una cierta revisión al alza de sus propias previsiones de hace tan sólo unos meses. La autoridad monetaria propone unas tasas de aumento esperado del PIB para la zona euro del 1,4%, en el año 2005, y del 1,9%, en el año 2006.

El crecimiento económico podría acelerarse en 2006, y también en 2007, en un entorno mundial claramente favorable. Ello se va a producir en la medida en que nos enfrentemos a una demanda doméstica creciente en el conjunto de la zona euro y siempre que la inflación se mantenga razonablemente controlada, según se señalaba ya en las previsiones de otoño de la propia Comisión Europea. El crecimiento de la zona euro podría aumentar hasta el 1,9% en 2006, para llegar a alcanzar el 2,1% en 2007, según la Comisión Europea. El principal impulso debería de provenir de la demanda interna, particularmente de una reactivación de la inversión privada, como consecuencia de un notable restablecimiento de la confianza del conjunto de los agentes económicos. æpermil;ste es un hecho que podría ser particularmente decisivo si empezara a hacerse notar sobre todo en las grandes economías centrales, tales como Alemania (donde el índice IFO de confianza empresarial alcanzó en enero su mejor nivel desde mayo de 2000) y Francia.

Tras un primer semestre decepcionante en 2005, la zona euro y la UE se podrían encontrar hoy en buena posición para aprovechar las favorables perspectivas de un entorno económico mundial orientado hacia una cierta recuperación. Existirían, en este sentido, buenas expectativas de poder lograr un restablecimiento del clima general de confianza económica, al que debería de venir aparejado una reanimación del consumo y de la inversión productiva.

Es cuestionable que las economías europeas sean capaces de aprovechar las perspectivas optimistas

Lo cierto es que en octubre de 2005 los indicadores que se publicaban sobre el clima general de los negocios tanto a nivel de la economía mundial como europea, empezaron a mejorar ligeramente, después de un año de notable enfriamiento. Los indicadores generales que evalúan el clima de los negocios se mantienen hoy considerablemente por encima de su tendencia media a largo plazo en el conjunto de la economía mundial (1990-2004). La mejoría es debida a un claro cambio en las opiniones que los expertos manifiestan sobre la situación y las tendencias a corto plazo tanto de la situación económica mundial como europea.

Los resultados alcanzados en los últimos informes confirman claramente las expectativas ya anunciadas a mediados de 2005. Hacia finales empezaba a desaparecer la desaceleración de la economía global que se inició a principios del 2004 y a manifestarse los primeros indicios de una cierta recuperación, tal como ha sucedido. Las expectativas para la primera mitad de 2006 apuntan a una estabilización a un nivel más alto del ritmo de la evolución de la economía mundial. El hecho es, por lo tanto, que, para los próximos seis meses, ya se nos anuncia una clara mejoría del clima económico general de la Unión Europea.

El conjunto de las economías de la zona del euro, sin embargo, no siempre ha sido capaz en el pasado de aprovechar como debería las oportunidades que normalmente deparan situaciones en las que el clima de los negocios es progresivamente más favorable en el conjunto de la economía mundial. Es, por lo tanto, razonable que nos cuestionemos hasta qué punto las perspectivas algo optimistas que se abren para 2006 van a poder ser realmente aprovechadas por el conjunto de las economías europeas. Unas economías sin duda muy potentes, pero enormemente rígidas y faltas de la necesaria capacidad de ajuste. Y todo ello, en unos entornos de mercado cada vez más dinámicos y competitivos y ante una economía mundial en rápido proceso de cambio, que van a seguir exigiendo ajustes y sacrificios intensos.