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Turquía espera la luz verde para negociar su ingreso en la UE

La implacable maquinaria diplomática de la Unión Europea se dispone a abrir las negociaciones para el ingreso de Turquía en el club. Salvo contratiempos de última hora, una delegación turca debe llegar hoy a Luxemburgo para iniciar, hacia las cinco de la tarde, la histórica cuenta atrás para la adhesión de su país.

Ni el batacazo de las consultas populares sobre la Constitución europea, ni la indigestión por la reciente entrada de 10 nuevos socios van a impedir a la UE cumplir el compromiso adquirido con Ankara en 2004.

Ni siquiera la patente impopularidad de la candidatura turca en varios países (Alemania, Francia o Austria, entre otros) ha convencido a los líderes europeos de la conveniencia de mantener al gran país musulmán en la sala de espera.

Sólo el Gobierno austríaco, cuya coalición afrontaba ayer una difícil cita en las elecciones regionales, está manteniendo sus reservas hasta el final. Los otros 24 países se han rendido a la evidencia de que un aplazamiento de las negociaciones puede ser interpretado en Turquía como un portazo definitivo.

'La apertura de negociaciones no supone el ingreso; en cambio, el aplazamiento puede alejar a Turquía de la UE y desestabilizar al país', justifican la decisión fuentes diplomáticas. Otras fuentes comunitarias subrayan que 'todo el mundo sabe, incluido Turquía, que el resultado final de las negociaciones no está garantizado y que, en este caso, hay unas condiciones excepcionalmente duras para el candidato'.

La UE ha supeditado el ingreso no sólo a la convergencia legal, política y económica del aspirante, sino también a la capacidad de absorción del propio club. Una condición abierta, llegado el momento, a interpretaciones muy subjetivas.

El marco de negociación prevé, además, que el ingreso no se produzca antes de la aprobación del presupuesto de la UE para el período posterior a 2013. Los socios, probablemente, habrán abordado entonces una reforma presupuestaria para evitar que la factura se dispare con la entrada de un país de 72 millones de habitantes cuya renta per cápita no alcanza el 30% de la media comunitaria.

Las negociaciones también supondrán un enorme esfuerzo de adaptación para Turquía, un país que realiza el 50% del comercio exterior con la UE, pero que mantiene un fuerte blindaje sobre su economía. Las previsibles privatizaciones en el sector energético y en telecomunicaciones pueden servir de ansiada puerta de entrada para el capital europeo. 'Muchos turcos no se han percatado de todo lo que va a exigir la UE de su país', señala Heather Grabbe, analista del instituto Centre for European Reform. Partidaria del ingreso de Turquía, Grabbe reconoce que 'el término negociación es engañoso, porque el 95% de la agenda de la UE es inamovible'.

La parte más imprevisible del proceso se encuentra, sin embargo, fuera de la mesa de negociación. La opinión pública, tanto en Turquía como en la UE, se muestra cada vez más reacia ante la perspectiva de esta ampliación.