EDITORIAL

América Latina sale a flote

Se temía hace unos meses que las subidas de tipos en Estados Unidos llevaran a América Latina a la recesión. Pero la región disfruta de una más que aceptable salud económica, con un crecimiento previsto para este año del 4,3% y para el próximo por encima del 4%, según el estudio anual que acaba de publicar la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal). Si el pronóstico se cumple, Latinoamérica completaría un cuatrienio de recuperación en el que el PIB per cápita habría avanzado un 10%. No son datos que lleven a nadie a la euforia, pero sí reflejan una mejora notable de la situación respecto al año 2002, cuando la crisis de Argentina y Brasil afectó a todo el continente y, por extensión, generó desconfianza en las economías emergentes.

Una de las razones de esta relativa bonanza está en el alza de los precios de las materias primas, de las que estos países son exportadores, una tendencia que ha acelerado la elevada demanda china, por ejemplo, de petróleo y soja. Por otro lado, las alzas de tipos han sido moderadas y han permitido que repunte la demanda interna. Los tipos de cambio de las monedas, que hicieron estallar la crisis a finales de 2001, se han fortalecido en el último año respecto al dólar, reflejando una mejora de la confianza del mercado. Y las inversiones de empresas extranjeras -con las españolas a la cabeza- crecieron el pasado año un 22,8%, lo que ha permitido que la balanza por cuenta corriente regional sea positiva en un 0,9% del PIB.

Nadie puede obviar que la estabilidad política y la seguridad jurídica son factores clave para el desarrollo y algunas crisis recientes -las de Ecuador o Bolivia, meses atrás la de Venezuela- parecen apuntar en la dirección contraria. En todo caso, es buena noticia que la recuperación de la economía latinoamericana sea generalizada por países. El crecimiento de la región no alcanza el de otras zonas emergentes en el mundo, mucho más dinámicas. Pero al menos permite mantener la esperanza de que la primera del siglo XXI no sea otra década perdida para América Latina.