Juicio

La ley Sarbanes-Oxley suspende la primera prueba en los tribunales

La ley Sarbanes-Oxley no ha pasado la primera prueba en los tribunales. Richard Scrushy se convirtió el martes pasado en el primer consejero delegado protagonista de la ola de escándalos iniciados con Enron que recibe un veredicto de 'no culpabilidad' tras ser acusado de 36 delitos. El ex responsable y fundador de la cadena de hospitales HealthSouth era, además, el primer consejero delegado al que se le aplica la ley de buen gobierno, conocida como Sarbox, que penaliza conductas que la legislación había ignorado hasta su promulgación en 2002.

A Scrushy se le acusó de acuerdo a un capítulo de la ley que requiere que los primeros ejecutivos certifiquen que las cuentas de la empresa reflejan fielmente la situación de ésta.

El problema es que, pese a la declaración de 15 ex empleados que se autoinculparon y señalaron a Scrushy como el gran instigador, la fiscalía de Birmingham (Alabama) no convenció al jurado de que éste había participado en un fraude valorado en 2.700 millones de dólares que casi acaba con su empresa. El jurado liberó de culpa al ejecutivo aduciendo que les quedaba la duda razonable de que fuera culpable.

El veredicto es una gran decepción para aquellos que pensaban que la controvertida ley supondría un freno a los excesos corporativos y evitaría escándalos empresariales

Ni siquiera la Sarbox, puesta en marcha tras la explosión de los grandes escándalos empresariales desde finales de 2001, ha podido con este principio clave del procedimiento penal en EE UU.

La certificación de cuentas por parte del consejero delegado fue siempre una faceta de la ley muy criticada, porque según las empresas es muy cara de cumplir por todos los procedimientos administrativos y de control necesarios. Algunas compañías pequeñas aseguran incluso que no se pueden permitir estar en Bolsa por los costes que esta ley genera en auditorías y ya ha habido deserciones.

El objeto de la ley es que el consejero delegado no pueda aducir desconocimiento sobre la situación de la empresa para desligarse de responsabilidad, una línea de defensa a la que han acudido los primeros ejecutivos de Enron y Worldcom, entre otros.

Los que han defendido esta ley por encima de las críticas de las asociaciones empresariales recibieron el veredicto del martes con sorpresa y desagrado. Nell Minow, de The Corporate Library, una organización que asesora a los accionistas en buen gobierno, empresarial aseguraba que estaba 'terriblemente contrariada'. 'Me parecía que la prioridad de esta ley era hacer que los consejeros delegados aceptaran la responsabilidad por fraude cometida bajo su mandato', señaló.

Entre la profesión legal se ha tomado esta controvertida decisión del jurado como un revés para la acción del departamento de justicia.

Thomas Donaldson, profesor de ética en los negocios de Wharton y uno de los que participaron en el Congreso en las deliberaciones de esta ley, aseguraba a la agencia AP que el veredicto 'es una gran decepción para todos los que pensaban que la Sarbox supondría un freno a los excesos corporativos'. Según Donaldson, el caso Scrushy prueba 'lo fácil que es para la gente en las alturas aislarse de conocimiento y responsabilidad' y aunque cree que lo positivo es que tiene un efecto disuasorio importante, admite ser uno de los que cree que es posible que la ley se haya redactado muy deprisa para responder a la crisis abierta por Enron.

Lo primero es dar las gracias a Dios

John Coffee, catedrático de Columbia especializado en delitos de cuello blanco, aseguraba tras conocerse el veredicto de Richard Scrushy que, de haberse celebrado el proceso en Nueva York o Washington, y no en su nativa Alabama, el resultado habría sido otro. 'Hay componentes históricos y religiosos en un estado del Sur como éste', dijo Coffee. Otros abogados se han hecho eco de esta teoría recordando que Scrushy es un hombre conocido, generoso con las fundaciones de caridad y una especie de 'héroe local' por ese motivo.

El factor religión no es desdeñable, ya que incluso uno de los jurados fue reemplazado de su deber porque asistía a la iglesia en la que Scrushy ha predicado. Y es que el ex consejero delegado de HealthSouth, que el martes agradeció a Dios y a Cristo el veredicto, ha sido muy activo en la vida religiosa de este Estado. Ha predicado en varias iglesias (sobre todo congregaciones de negros, raza de siete de los 12 miembros del jurado) y tiene un programa de contenido religioso en la televisión local. Sus seguidores le acompañaban al tribunal y allí, Biblia en mano, seguían el proceso entre rezo y rezo, algo que no se escapó a la atención de los jurados.

Los expertos legales esperan que la localización del tribunal no vuelva a ser un factor determinante porque Ken Lay, Jeff Skilling y Richard Causey, de Enron, se enfrentan a la justicia en Houston en enero. Los abogados confían en que el entorno doméstico no le sea tan favorable, ya que es una compañía distinta, una ciudad diferente y con muchos afectados por el fraude.