Unión Europea

Tony Blair reclama 'un modelo social y un presupuesto modernos'

La mirada de Europa se volvió ayer hacia la sede del Parlamento europeo en Bruselas para seguir la esperada intervención de Tony Blair. Pero el primer ministro británico, que entusiasmó al hemiciclo, se limitó a responder a la grave crisis política de la UE con vagas propuestas de reformas para mejorar la competitividad económica.

Blair desaprovechó ayer una gran oportunidad para pasar a la historia como uno de los escasos estadistas británicos que han dejado su impronta en la Unión Europea. Winston Churchill lo consiguió con sus discursos favorables a la integración del continente tras la segunda Guerra Mundial. Y Margaret Thatcher en los años 80, con su empecinamiento en saldar unas cuentas comunitarias presuntamente desfavorables para el Tesoro británico.

Pero el líder laborista fue incapaz de explotar la atención suscitada por su comparecencia ante el Parlamento Europeo en un momento en que, según sus palabras, 'Europa está en el medio de un profundo debate sobre su futuro'.

'Los pueblos de Europa nos están hablando y haciendo preguntas', fue la lectura de Blair sobre el rechazo francés y holandés de la Constitución europea. Pero el próximo presidente de la UE, que el día 1 de julio relevará al primer ministro luxemburgués, Jean-Claude Juncker, no dio ninguna respuesta original para saciar la presunta sed del electorado europeo. Blair reconoció en la rueda de prensa posterior que 'los puntos que he planteado hoy sobre Europa son los mismos que a lo largo de los últimos años'.

El carismático líder prefirió remitirse a manidos informes comunitarios como el de Wim Kok (2004) o André Sapir (2003) porque en ellos 'se nos ha mostrado el camino' hacia 'una política social moderna' y 'un presupuesto comunitario moderno'. El Consejo Europeo, en el que se sienta Blair desde hace siete años, no prestó en su día la más mínima atención a ninguno de los dos informes más allá de un acuse de recibo formal.

Blair negó, en contra de las tesis franco-alemanas, que la actual crisis se deba a un enfrentamiento entre los partidarios de una Europa mercantil y una política. 'Yo nunca aceptaría una Europa que fuera simplemente un mercado', afirmó solemne. Para Blair 'la cuestión no es si creemos en Europa, sino cómo queremos cambiar Europa'. æpermil;l no dio detalles al respecto.

El discurso huero de Blair no fue óbice para que los eurodiputados se entregaran ante su verbo florido sólo 24 horas después de haber ovacionado a Juncker por defender justamente lo contrario. El presidente del Parlamento, Josep Borrell, atribuyó 'la aparente contradicción' a que los dos son excelentes oradores y a que hayan tenido el detalle de 'llevar un debate tan necesario' hasta la sede del Parlamento.

Las sesiones, sin embargo, registraron una escasísima presencia de eurodiputados salvo en los momentos estelares de la intervención de Blair o Juncker. El propio Borrell recriminó a los parlamentarios su absentismo al final de la jornada. 'Cuando se incorporen al debate háganlo en silencio; así, por lo menos, se notará menos que no han estado ustedes presentes antes'.

Blair cosechó, no obstante, continuos aplausos, sobre todo, de los escaños conservadores y liberales. 'Tenga cuidado', le advirtió el líder socialista, el alemán Martin Schulz. 'Son los mismos que se oponen al ingreso de Turquía que usted defiende'.

'Nuestra opción será un pro europeísmo realista'

En contra de lo previsto, el primer ministro británico, Tony Blair, apenas dio detalles durante su comparencia de ayer en el Parlamento Europeo acerca de su programa de trabajo para la presidencia semestral de la UE que asumirá el 1 de julio. 'Su intervención ha sido más una serie de interesantes reflexiones que de compromisos precisos para su presidencia', le contestó el eurodiputado socialista, Miguel Ángel Martínez. Pero el ministro británico de Finanzas, Gordon Brown, aspirante a ocupar el puesto de Blair, sí desmenuzó la noche antes, durante una cena de gala en la City londinense, la filosofía y aspiraciones de la presidencia británica.

Más allá del recurrente ataque a la política agrícola común, Brown detalla las recetas para aumentar la competitividad de la UE que Blair no concretó en el Parlamento: 'abrir a la competencia los mercados financieros y energéticos'; 'reducir y, después, eliminar los miles de millones en subsidios ineficaces que dañan la competencia'; 'y que autoridades independientes, y no políticos, tomen las decisiones cruciales sobre monopolios y fusiones empresariales'.

La profesión de fe de Blair ante el Parlamento en una 'Europa como proyecto político' se convierte en las palabras de Brown ante la City 'en un realismo pro europeo, que entiende que es la cooperación intergubernamental lo que puede permitir a Europa afrontar los cambios que necesita'.

El Gobierno británico, según Brown, 'es pro europeo porque reconocemos los beneficios económicos de cooperar y compartir soberanía para garantizar un mercado único de 450 millones de consumidores'.

El análisis del titular del Tesoro sobre la crisis de la UE parte de dos premisas: la integración económica a nivel europeo que preconizaron los fundadores de la Comunidad ha quedado superada por la globalización; y los votantes han rechazado la integración política y cultural que supuestamente se derivaría de esa unión económica.