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El saber universal, antes de internet

'Ya no hay documentos sobre la mesa. En su lugar, una pantalla'. Parece el retrato de una ciberoficina actual. Pero se trata de una premonitoria descripción hecha en 1934. Su autor, el bruselense Paul Otlet (1868-1944) fundó hace 100 años, junto a su paisano, amigo y colaborador Henri la Fontaine (1854-1943), un centro bibliográfico universal cuya organización y aspiraciones merece el título de precursor en papel de internet.

Otlet soñaría incluso con 'la aparición automática de documentos en una pantalla (…) gracias a la reducción de todos los ítems a elementos analíticos y ordenados de manera que puedan ser seleccionados por la máquina'.

Pero lo más sorprendente, quizá, no sea la capacidad de anticipación de estos dos socialistas de los siglos XIX y XX. Sino que se pusieran manos a la obra para conseguir su quimera y clasificaran hasta 12 millones de ítems (libros, documentos, imágenes) en un colosal archivo bautizado Mundaneum.

Una selección de la tarea inacabada de Otlet y La Fontaine se conserva abierta al público en la ciudad belga de Mons. El centro edita una pequeña biografía de La Fontaine (Traces d'une vie), obra de varios autores, que ayuda a recorrer la aventura vital de estos precursores, cuyo legado para las bibliotecas de todo el mundo incluye desde la estandarización del tamaño de la ficha bibliográfica al perfeccionamiento del sistema de clasificación CDU (clasificación decimal universal).