EDITORIAL

La hora de las empresas en China

El ministro de Industria presentó el viernes en Pekín el Plan China como colofón de un viaje combinado de José Montilla y su homóloga en Fomento, Magdalena Álvarez, para abrir puertas a las empresas españolas en aquel enorme mercado. Dotado con 690 millones de euros para el periodo 2005-2007, se trata de un ambicioso programa integral para potenciar la presencia de las empresas en aquel país e incentivar la inversión china en España.

Lo primero que suscita el Plan China es una pregunta: ¿por qué no se ha hecho antes? Basta una somera ojeada a las cuentas del comercio bilateral de ambos países para constatar que no se puede perder ni otro minuto. En 2004, las ventas de China a España (6.490 millones de euros) fueron casi seis veces superiores a las compras y crecieron un 26,2%. Y eso, mientas las exportaciones españolas al mayor mercado del mundo, que atraviesa el proceso expansivo más impresionante de su historia, crecían un exiguo 5%.

Los intentos realizados hasta ahora, desde los viajes de Felipe González en 1985 y 1993 al Plan Asia del PP, pasando por ciertas ferias para promover la exportación, no han dado todos los frutos deseados. El Plan China, que incluye mayor presencia institucional y, sobre todo, que se ha elaborado conjuntamente con las empresas, parece contar con mayores posibilidades de éxito. Y para ello será conveniente un preciso seguimiento, que sirva para modificar el rumbo y rectificar errores si fuera necesario.

El creciente déficit exterior español pide a gritos potenciar la actividad internacional de las empresas. Y China es sólo uno de los nueve países considerados prioritarios por el Gobierno para los intereses de las empresas españolas. El camino correcto es ése: establecer un marco que facilite el trabajo a las empresas. Pero sin una convencida iniciativa de éstas, todo será en vano.