EDITORIAL

Nuevo jefe en la OMC

Washington dio ayer su apoyo, más o menos explícito, a Pascal Lamy para dirigir la Organización Mundial de Comercio (OMC). Lo hizo Robert Zoellick, ex representante de EE UU para el Comercio Internacional, actual subsecretario de Estado y amigo personal del político francés. De acabar confirmándose este nombramiento, asomaría, una vez más, el quid pro quo por el que EE UU y Europa se reparten la jefatura de otro organismo multilateral, orillando del proceso de toma de decisión al resto de países miembros. Y lo hacen sólo cinco días después de que Washington colocara a Paul Wolfowitz en el Banco Mundial -con el clamoroso silencio de Francia-.

La carrera profesional debe ser decisiva en estos nombramientos, y el francés es una persona tan indicada para el puesto como los otros candidatos. En sus cinco años como comisario europeo ha mantenido duras pugnas a favor del comercio internacional, precisamente con EE UU. Lamy ha demostrado su capacidad de negociador, potenció la alicaída ronda de Doha y, desde su experiencia como jefe de gabinete de Delors, es un innegable representante de la escuela europea. La paradoja es que su elección agudizará el déficit democrático de los organismos multilaterales.