Nace el octavo banco del mundo

El banco reclama más libertad para las fusiones en Europa

La aprobación de la mayor compra transfronteriza en Europa se realizó ayer sin incidentes. El presidente del Santander, Emilio Botín, pidió apertura a los legisladores para eliminar los obstáculos a las fusiones.

A diferencia de la junta de Abbey, la del Santander fue mucho más tranquila, aunque como era de esperar, tres accionistas vinculados a Rafael Pérez Escolar intervinieron en el turno de ruegos y preguntas con el objetivo de boicotear los acuerdos. Sus intervenciones fueron contrarrestadas por otros nueve accionistas que, de una forma u otra, apoyaron la gestión del banco y de sus gestores.

Antes de sus intervenciones Emilio Botín intentó convencer a los asistentes, el 44% del capital tanto presente como representado, de las ventajas de la compra de Abbey. 'Se trata de la mayor adquisición transfronteriza en la banca europea, y también la mayor inversión hecha por una empresa española en Europa', declaró. 'Supone dar un salto de gigante'.

El presidente del Santander no quiso perder la ocasión para pedir a los distintos gobiernos europeos que 'sería deseable que los mercados financieros continúen abriéndose, que se refuerce la competencia y que la normativa europea y su aplicación práctica no pongan obstáculos a estos procesos'.

Botín, no obstante, volvió ayer a reiterar que no cree 'en las fusiones transfronterizas entre iguales, pues no crean valor. Sin una dirección única y efectiva, platean dificultades para realizar la integración de culturas diversas de gestión y para determinar líneas claras de negocio'. Pese a todo, quiso ser prudente, y señaló que 'no me parece oportuno hacer pronósticos sobre cuál puede ser, en lo sucesivo, la actuación de otras entidades financieras'.

La junta extraordinaria aprobó la ampliación de capital de 1.511 millones de acciones del SCH necesarios para realizar el canje de una acción del Santander por una de Abbey para la compra del banco británico. Esta ampliación, en la que ya se incluye las 100 acciones que el Santander regalará a cada uno de los 25.000 empleados del Abbey como se había comprometido, representa el 24% de la capitalización del grupo español.

Las nuevas acciones emitidas empezarán a cotizar el 16 de noviembre. Posteriormente, el 14 de diciembre, el banco abonará a los accionistas procedentes del Abbey un total de unos 670 millones de euros en concepto de dividendo (25 peniques de dividendo extra por la operación de venta y 6 peniques ya previstos anteriormente por el banco británico). Esta cifra habría que sumársela al coste total de la compra del Abbey por el Santander. Destacó también que tras la incorporación de los 1,7 millones de accionistas del Abbey al grupo español, este se convertía en la empresa con más accionistas, al alcanzar los 3 millones. 'Creo que es un récord a nivel mundial', recalcó. 'El precio que pagamos es el adecuado. Significa una prima razonable por una oportunidad única'. Y añadió que 'esperamos que esta adquisición tenga un impacto positivo en el beneficio por acción a partir del año 2006'.

El Santander anunció el pago de un dividendo a cuenta de 0,083 euros, un 7,1% superior a lo abonado un año antes, a los titulares del Santander. Este pago se hará efectivo el 2 de noviembre.

Botín condiciona una subida de participación en Sanpaolo-IMI

El presidente de Sanpaolo-IMI, Enrico Salza, en el que el Santander controla el 8,8% sorprendió ayer al mercado al declarar que no le importaría que el grupo español 'aumentara su participación' en esta entidad, lo que supone una clara petición al Santander. El presidente, Emilio Botín, aseguró ayer desconocer estas afirmaciones. Y recordó que, en caso de aumentar la presencia en el capital de su socio italiano, tendría que contar con el apoyo total del núcleo estable de accionistas de la entidad en virtud del pacto acordado. No hay que olvidar, sin embargo, la broma de Botín en la última presentación sobre Abbey en Londres al despedirse de los analistas: 'hasta la próxima adquisición'.