EDITORIAL

Sí condicionado a Turquía

El último ganador del Festival de Cine de Berlín, Gegen Die Wand (Contra la pared), narra la historia del amor nacido en un matrimonio de conveniencia entre dos jóvenes turcos residentes en Alemania. La obra del turco-alemán Fatih Akim sirve de alegoría a la turbulenta relación que mantienen Ankara y Bruselas desde hace 40 años. Ambas partes se necesitan en el nuevo escenario geoestratégico mundial. Pero la cultura y las raíces de ambos, muy dispares a pesar de su proximidad, pueden convertir la convivencia en un paraíso o en un infierno.

La Comisión Europea dio ayer el paso crucial de proponer a los socios de la UE la apertura oficial de negociaciones para la adhesión de Turquía, un país con 71 millones de habitantes, mayoritariamente musulmanes. Las negociaciones estarán condicionadas, sin embargo, al cumplimiento de exigentes criterios políticos por parte de Turquía. Algo fundamental cuando se trata de incorporar a un país de gran tamaño y con una herencia cultural, política y religiosa tan diferente a la mayoritaria en el seno de la UE.

Si los 25 primeros ministros de la UE -entre quienes se sientan 18 líderes conservadores, en principio más reacios a la adhesión de Turquía- confirman en diciembre la apertura de negociaciones, el proceso obligará a verificar los avances democráticos y económicos del candidato. Pero también llevará a replantear el alcance del proyecto político comunitario. El examen debe permitir a los Estados miembros decidir hasta dónde quieren llegar juntos. De la ambición de ese proyecto común depende que Turquía, o cualquier otro país invitado a sumarse, encaje o no.

Los líderes europeos deberán refinar sus argumentos a favor o en contra de la adhesión de Turquía si no quieren estrellarse contra sus propios electorados por este asunto. Y no dentro de 15 años, sino en las próximas citas electorales, incluida la consulta sobre la Constitución Europea. Sería una lástima que los fantasmas que desata la adhesión de Turquía arruinaran el proyecto europeo sin siquiera haber atravesado el umbral.