COLUMNA

Política de comunicación del BCE

La política de comunicación de los bancos centrales tiende en los últimos años hacia un aumento de la transparencia y de la calidad y cantidad de la comunicación. El Banco Central Europeo, sin embargo, camina en la dirección opuesta

En los últimos años, los bancos centrales han avanzado de gran manera en sus políticas de comunicación con los mercados. Hace tan sólo diez años, la Reserva Federal americana tomaba las decisiones en secreto, y los mercados pasaban varios días hasta que averiguaban si la Fed había decidido cambiar las condiciones de liquidez del mercado. Hoy en día los principales bancos centrales anuncian sus decisiones, publican sus proyecciones económicas y, en su mayoría, publican las actas de sus reuniones. Hay una estrategia clara de comunicar a los mercados el máximo contenido posible, para así aprovecharse de los mercados y lograr la máxima eficacia de las decisiones de política monetaria.

La intuición es sencilla: si los mercados entienden la función de reacción del banco central y la anticipan -es decir, reaccionan a los datos macroeconómicos de la misma manera que posiblemente reaccionará el banco central- se consigue acortar el mecanismo de transmisión de la política monetaria y así reducir la amplitud de las fluctuaciones cíclicas de la economía. En el pasado la doctrina económica abogaba por la ambigüedad constructiva: los bancos centrales tenían que mantener el secreto en la medida de lo posible, para que así sus decisiones no fueran anticipadas por los agentes económicos y, a través del factor sorpresa, conseguir el máximo impacto. La doctrina ha cambiado, y ahora se pone mucho más énfasis en la anticipación de las decisiones.

La teoría demuestra que una buena política de información aumenta la eficacia de la política económica

Una de las estrategias usadas por muchos bancos centrales es tratar de transmitir a los mercados, en la medida de lo posible, la senda futura de tipos de interés. ¿Por qué? Pues porque la política monetaria funciona principalmente a través de los tipos de interés a largo plazo, que están fuera del control del banco central. La curva de tipos reacciona a los cambios en el tipo de intervención a corto plazo, pero su pendiente depende, entre otros factores, de la senda futura de tipos de interés a corto plazo. Cuanta más información se tenga sobre esta senda, más control se tendrá sobre el tipo a largo plazo. Los bancos centrales utilizan varias estrategias, como la comunicación de un sesgo -alcista, neutral o bajista- que indica la tendencia futura de los tipos de interés, o la publicación de proyecciones económicas basadas en los tipos de interés de mercado, dando así a entender, indirectamente a través de la proyección de inflación resultante, si éstos están en línea con los deseos del banco central.

La publicación de las actas de las reuniones añade color a las decisiones, indicando a los mercados los pros y contras de cada decisión, los detalles del debate interno, y ampliando el espectro de información disponible en el mercado. En general, todo esto reduce la volatilidad: cuando la Fed, después de varios años de bajadas, subió los tipos de interés en junio de este año, los mercados ni se inmutaron, ya que la decisión había sido comunicada eficazmente en los meses anteriores.

La tendencia es pues hacia un aumento de la transparencia y de la calidad y cantidad de la comunicación. El BCE, sin embargo, se esta moviendo en la dirección opuesta. No solamente es uno de los pocos bancos centrales de los países desarrollados que no publica las actas de las reuniones -la excusa de que podría dar lugar a problemas políticos en los países miembros no es válida, ya que las actas se podrían publicar sin mencionar los nombres de los gobernadores, como hacen la Fed o el Banco de Inglaterra- sino que además ha decido recientemente no utilizar palabras clave en su comunicación.

En el pasado, la indicación en la conferencia de prensa de que los tipos eran 'apropiados' era una indicación clara de que la probabilidad de un cambio de tipos en las siguientes reuniones era baja. La eliminación de dicha palabra indicaba la posibilidad de un cambio. El BCE, este año, tras el fiasco de la reunión de abril, decidió eliminar el uso de este tipo de palabras clave, y pasó a usar la frase: 'No tenemos sesgo, todas las opciones están abiertas'. Básicamente, el BCE está diciendo a los mercados: no sabemos lo que haremos en las reuniones futuras. ¿Cuál ha sido el resultado? Que, al haber dejado a los mercados sin guía acerca de las decisiones futuras, la correlación de los tipos de interés a largo europeos con los americanos ha aumentado de manera importante. En otras palabras, la política monetaria europea se ha vuelto más dependiente del ciclo americano, por decisión del BCE.

¿Es ésta una política óptima? Es difícil justificarlo, habrá que ver cómo anuncia el BCE su próximo movimiento de tipos. La teoría demuestra que una buena política de información aumenta la eficacia de la política económica. El BCE debería explicar por qué no está de acuerdo con esta teoría.