EDITORIAL

Un IRPF complejo

El próximo día 3 de mayo comienza la campaña del impuesto sobre la renta de 2003, la primera que aplica la última reforma del Partido Popular, que no ha logrado mantenerse en el poder para comprobar sus resultados. Esta modificación, como la anterior de 1999, alivió la carga fiscal de una mayoría de contribuyentes -sobre todo en los extremos de la escala-, pero continuó la línea de anteriores cambios que han ido haciendo del IRPF un tributo complicado, difícil de entender por el ciudadano y poco equitativo, porque personas con similares ingresos pagan en distinta medida. El nuevo Gobierno socialista promete también reformar el IRPF para hacerlo más sencillo y justo. No se espera que esa reforma pase por el muy polémico tipo único, aunque sí por una reducción de tramos y una simplificación de las deducciones.

Afortunadamente, cada año vienen mejorando los instrumentos al alcance del contribuyente para hacer la declaración, desde la asistencia en oficinas de Hacienda al envío de borradores o el acceso al programa de ayuda a través de internet. Un servicio ejemplar de la Administración, que no oculta otras deficiencias.