Crónica de Manhattan

La sinceridad, bajo mínimos

La verdad no sale bien parada en estos tiempos. Mientras se siguen buscando, con menos fe (y medios) que nunca, las otrora amenazantes armas de destrucción masiva en Irak, la sinceridad de la Administración Bush está también bajo mínimos en una de sus grandes promesas: la reforma del Medicare (el plan de atención sanitaria de la tercera edad).

La aprobación de la reforma, en junio de 2003, fue agónica. Los demócratas estaban en contra pero también muchos republicanos por que veían excesivo un coste que la Casa Blanca calculaba en 400.000 millones en 10 años. Si hubiera costado un dólar más, la victoria de Bush habría sido una derrota.

Ahora se ha sabido que la oficina del Medicare retuvo información, solicitada reiteradamente desde el Congreso, sobre sus propios cálculos de costes. En esta oficina la suma ascendía a 534.000 millones, 135.000 millones de desviación. Pero solo en enero llegó esta información, en manos del actuario del Medicare desde antes de junio, a la oficina de un legislador demócrata. Y en un fax anónimo.

Dos meses después, este actuario, Richard Foster, ha dicho que se le amenazó con el despido si revelaba el coste al Congreso. Foster cree que la Casa Blanca estuvo detrás de la decisión de ocultar este análisis.

La mayor parte del Medicare entrará en vigor en 2006. Otra Administración gestionará esta reforma, el déficit y, si las cosas siguen así, puede que también la credibilidad de las instituciones.