Crónica de Manhattan

El déficit divide

En estos días el senador republicano John McCain ha desfilado por varias televisiones ridiculizando gastos federales millonarios como las ayudas a la investigación en piscifactorías. McCain dijo esta semana refiriéndose a la reforma del Medicare (la atención médica para la tercera edad) que 'el sistema está fuera de control y es una desgracia'.

Que un congresista republicano critique al presidente es normal en un país en el que la defensa de los intereses de los votantes del estado en el que hayan sido elegidos hace que la disciplina de partidos en EE UU sea un concepto con un peso relativo. El problema es cuando esas críticas de compañeros en ideas llegan en periodo electoral y crecen cuando se presenta el presupuesto.

Y está ocurriendo, porque McCain no está solo. A pesar de que Dick Cheney, el de repente omnipresente vicepresidente, transmita el mensaje de que los déficit no importan. Los republicanos que abogan por un papel menor del Estado, una de las esencias de este partido, se revuelven ante los números rojos y en la Casa Blanca se temen que el debate sobre el presupuesto de 2,3 billones de dólares que hoy presenta George Bush se complique.

Los ánimos entre el ala republicana del Congreso se han calentado más esta semana cuando se filtró que los costes asociados con el recién reformado Medicare no iban a ser los 400.000 millones en 10 años, cifra que ya ponía los pelos de punta a muchos conservadores, sino 540.000 millones. 'Las malas noticias es que no creo que esto sea el cálculo final', dijo el senador republicano Trent Lott. Respecto a la promesa de Bush de reducir los déficit a la mitad en cinco años, Bill Hoagland, experto en presupuestos, aseguraba que 'va a ser difícil'. Hoagland es consejero de Bill Frist, líder de este partido en el Senado.

Los republicanos que aplaudieron en el discurso sobre el Estado de la Unión cuando Bush pidió hacer permanentes los recortes fiscales ahora en marcha, creen que éstos no serán sostenibles si no hay una fuerte disminución en el gasto y consideran una aberración el gasto público. La Oficina del Presupuesto, un órgano técnico del Congreso, cree que debe haber rebajas en gastos, una subida de impuestos o 'ambas cosas'.

El Club del Crecimiento, a cuyos postulados se adhieren casi todos los republicanos, calcula que la administración Bush ha aumentado los gastos un 8,2% frente al 2,5% de la de Clinton. Por ello, antes de que Bush presente los presupuestos, el Comité de Estudios Republicanos ha pedido que en 2005 no haya crecimiento del gasto salvo para la construcción de infraestructuras (algo en lo que coinciden con los demócratas y que Bush no parece contemplar).

Defensa aparte (las partidas pueden subir más de un 7% este año), Bush va a proponer aumentos menores al 1% en buena parte de sus programas, lo que equivale a congelar los gastos, algo que los economistas ya han calculado no ahorraría más que 8.000 millones. Además va a retirar algunas propuestas de recortes de impuestos, entre otros los destinados a empresas energéticas, por las que abogaba hasta ahora, según The New York Times.

El sábado, Bush fue a Pensilvania a hablar ante una audiencia republicana a la que sobre todo agradeció, muy reiteradamente, su apoyo. La multitud que aplaudió y coreó su nombre durante largos minutos se ahorró la ovación cuando dijo que estaba comprometido con la disciplina fiscal. Y eso que no ha vuelto a hablar de la Luna.