Reforma fiscal

La izquierda del SPD y los sindicatos critican las cesiones de Schröder

La izquierda del Partido Socialdemócrata (SPD) apunta a un rechazo de la reforma fiscal y laboral pactada entre el Gobierno y la oposición alemanes, a pesar de la llamada del canciller y líder de la formación, Gerhard Schröder, a cerrar filas y apoyar el compromiso alcanzado. Varios diputados del partido, así como un sector disidente de Los Verdes, se resisten a dar el sí en la votación del viernes en el Parlamento.

"Los acuerdos alcanzados empeorarán la situación de los menos favorecidos", asegura Sigrid Skarpelis-Sperk, representante del ala disidente del SPD, en declaraciones que publica hoy Berliner Zeitung. Al previsible voto en contra de esta diputada se unen los de otros varios parlamentarios socialdemócratas, así como algunos verdes, sostiene el diario.

Los hipotéticos votos disidentes no ponen en peligro la aprobación parlamentaria de las reformas, gracias al apoyo conservador, pero sí afectan el propósito de Schröder de lograr el visto bueno con una mayoría propia. Se critica al canciller por sus concesiones para lograr el visto bueno de la oposición a su propósito de avanzar a 2004, un año antes de lo previsto- su reforma fiscal, que implicará una rebaja en el Impuesto sobre la Renta.

Difícil consenso

Los conservadores eran partidarios de bajar los impuestos, pero rechazaban el propósito del gobierno de financiar esa descarga básicamente con nuevo endeudamiento. Finalmente, se acordó una rebaja menor -el tipo máximo del IRPF quedará en el 45% y el mínimo en el 16%, en lugar del 42 y el 15% que proponía el gobierno-, así como un endeudamiento menos abultado. El gobierno cedió asimismo ante los conservadores en lo relativo al mercado laboral, ya que la oposición exigía una flexibilización de la ley contra el despido, así como aumentar la presión sobre los parados crónicos, que deberán aceptar cualquier oferta de empleo.

El diputado del SPD y representante del ala sindical del partido Ottmar Schreiner, otro de los disidentes de la formación, ha anunciado su rechazo a ese punto "por coherencia con toda mi carrera política", según sus declaraciones a la misma publicación. La jefa del grupo parlamentario verde, Katrin Goering-Eckard, ha admitido la posibilidad de que no haya un voto cohesionado, aunque le quita hierro: "Queremos (la aprobación) por nuestras propias fuerzas, pero la mayoría propia no es una vaca sagrada".

La cohesión de las filas roji-verdes entorno a la reforma es una cuestión de credibilidad para el canciller, quien en repetidas ocasiones ha condicionado su futuro político a granjearse el vota a favor en los grandes proyectos de su Ejecutivo.