EDITORIAL

Cajas políticas

El sorprendente anuncio de relevo al frente de Bancaja ha vuelto a demostrar que los partidos políticos, en este caso el PP, no pueden resistir la tentación de intervenir en la vida de las cajas de ahorros. Nadie discute su derecho a estar presentes en los órganos de gestión y de control de estas entidades. Pero de ahí a dar la imagen de que se mueven los sillones de las cajas en función de intereses ajenos a su funcionamiento media un abismo. Y esa imagen de intervencionismo es la que transmitió ayer mismo el ministro de Trabajo y portavoz del Gobierno, Eduardo Zaplana, cuando se decantó públicamente por José Luis Olivas, que fue su sucesor al frente de la presidencia de la Comunidad Valenciana, como futuro máximo responsable de Bancaja. Este accidentado episodio se produce, además, justo cuando el PP está tratando de convencer a propios y extraños de que los rectores de las cajas deben ser mucho más profesionales y transparentes. El caso valenciano no es el mejor ejemplo a seguir, además de complicar el ya de por sí turbio debate en torno a las cajas.