Energía

Cepsa cumple 36 años sin manchar Huelva

Invierte cada año 1,8 millones en mantener su instalación submarina de La Rábida. Por ello, desde 1966 ha descargado sin incidentes 133 millones de toneladas de crudo desde el mar

En Cepsa no pesa el fantasma del Prestige. En la refinería de La Rábida, en Huelva, presumen de que en 36 años de descargas de crudo en alta mar no se ha producido un solo accidente.

La compañía dispone de una instalación marítima de descarga de crudo junto a la planta onubense y otra en Algeciras para hacer frente a la falta de calado de estos puertos, donde no pueden entrar los superpetroleros. En el caso de Huelva se trata de una monoboya flotante de ocho metros de diámetro dotada de mangueras y conectada a una tubería submarina de 10,4 kilómetros que lleva el crudo desde los grandes buques fondeados en el mar a la refinería.

Cepsa, que ha dotado a la instalación de un plan de actuación de emergencia que no ha tenido que utilizar, ejecutó en el año 2000 una nueva cura en salud y renovó cinco de los 10,4 kilómetros de la línea submarina, para lo que invirtió 14 millones de euros, según explicó ayer Juan Manuel Díaz Cabrera, director de la refinería de Cepsa en Huelva, durante una exhibición de la operación de descarga de crudo. Además, las labores de mantenimiento de la instalación suponen cada año un coste de 1,8 millones.

En la monoboya, que pesa 122.000 kilos, pueden amarrar petroleros de hasta 150.000 toneladas. Desde que en 1966 se puso en marcha, han pasado por ella 1.436 petroleros que han llenado los tanques de almacenamiento de La Rábida con 133 millones de toneladas de crudo, a razón de 50 descargas anuales. La de ayer la protagonizó el Bosco Tapias, un petrolero de doble casco de 275 metros de eslora y 160.000 toneladas de carga recién llegado de Egipto. Para desalojar sus 14 tanques de crudo empleará 32 horas a razón de 5.000 metros cúbicos por hora.

Doble casco

Díaz Cabrera destaca el compromiso medioambiental de su empresa y asegura que va 'muy por delante' de la legislación. Antes del desastre medioambiental del Prestige, el 63% de los buques que utilizaban la monoboya de Cepsa ya disponían del doble casco que ha exigido obligatoriamente la Unión Europea en diciembre de 2002, tras el accidente, para todos los petroleros que descarguen crudo pesado desde el mar. Sin embargo, sólo el 25% de los barcos que trabajan con la compañía, los que transportan crudo pesado, estarían afectados por esta norma, ya que la mayoría de ellos trafican con el llamado crudo ligero. Desde la exigencia comunitaria, Cepsa ha reforzado este criterio y en este año el 70% de los petroleros que trabajan con La Rábida disponían de doble casco aunque su carga fuera de crudo ligero, como es el caso del Bosco Tapias.

Para el directivo de Cepsa, el doble casco no es la panacea, porque no evita los errores humanos. Para prevenir accidentes a toda costa y no toparse con un Prestige, la petrolera española exige este refuerzo, pero pone mucho más énfasis en las credenciales de cada buque a través de un comité que desde la central de la empresa en Madrid veta a todos aquellos potenciales proveedores que no cumple con sus criterios.

Por otra parte, para buques más pequeños y acordes con el calado del puerto de Huelva, de un máximo de 70.000 toneladas, existe un muelle petrolero en la costa como alternativa a la monoboya y en previsión de que ésta pudiera sufrir daños.

La puesta en escena de ayer sirvió también para mostrar sobre el terreno las medidas de seguridad que acompañan a cada operación. Complementando los controles periódicos y los planes de emergencia que se activarían si se produce un accidente, tres submarinistas inspeccionan a los pies de la monoboya el transporte del crudo desde el buque hasta la costa, mientras que una embarcación auxiliar también vigila con sistemas contra incendios, compuestos químicos dispersantes y absorbentes, entre otras medidas.

Además de descargar, la monoboya de Cepsa está preparada también para cargar un petrolero desde su refinería si es necesario recurrir al crudo que almacena como reserva estratégica del Estado.