Aeronaútica

Escándalo por un contrato de Boeing con el Ejército estadounidense

En septiembre de 2002 Marvin Sambur, jefe de la oficina de compras de las Fuerza Aéreas (FF AA) de EE UU solicitó a Boeing información urgente. Según un correo electrónico escrito por un ejecutivo de la compañía, desde esta oficina del Pentágono 'se busca desesperadamente la razón por la que las Fuerzas Aéreas deban hacerse con el avión cisterna 767 justo ahora'.

Gloria Cales, portavoz del Pentágono, lo aclaró públicamente: Sambur era nuevo y por ello necesitaba información. No estaba de acuerdo el senador republicano por Arizona, John McCain. Para él, ésta es una prueba más de las privilegiadas relaciones de la empresa aeronáutica y primera contratista del Pentágono con la Administración y el Congreso.

El senador ha hecho públicos este fin de semana documentos que demuestran cómo estas conexiones permitirán a Boeing firmar con la Administración un contrato de leasing por seis años de 100 aviones cisterna 767. Contrato que muchos consideran una ayuda encubierta a Boeing.

El coste aproximado del contrato de leasing es de 21.000 millones de dólares

El coste estimado para la Administración, que nunca antes ha firmado un leasing y esta vez lo hará a través de una empresa interpuesta (al estilo Enron), es de 21.000 millones de dólares.

Investigación

McCain, que se ha pasado meses solicitando la documentación a Boeing y las Fuerzas Aéreas, cree que el contrato es sólo una 'muestra de gasto federal innecesario'. El senador lleva meses peleando casi en solitario contra la firma del acuerdo, pero su lucha podría acabar esta semana, cuando el Comité de Servicios de la Armada del Senado apruebe el pacto de las FF AA y Boeing.

Antes de que eso ocurra McCain ha querido oír en el Congreso a los implicados. La comparecencia estaba prevista para última hora de ayer. No obstante, y a la luz de los documentos que mostró el senador y publicó The Washington Post, se esperaba al menos poner en evidencia cómo las FF AA y Boeing se han asistido mutuamente en el diseño de este programa de reemplazo de los actuales cisterna K-135, lo han hecho valer en los pasillos de Washington y han evitado que otros posibles contratistas hicieran sombra al gigante americano.

Y todo ello mientras sólo hace unas semanas que se sabe que Boeing admitió que obtuvo información de su rival Lockheed Martin de 'forma impropia' para ganar un contrato de misiles.

Lo que se deduce de estos documentos es que no parece que existiera antes del 11-S la necesidad de reemplazar los aviones. Pero Boeing, que anunciaba el despido de 30.000 empleados, iba a necesitar pedidos. Según han desvelado tanto Business Week como US News & World Report, tras los ataques, altos ejecutivos de Boeing mantuvieron reuniones con miembros del Congreso que a su vez transmitieron su preocupación por el impacto sobre Boeing a la Casa Blanca, desde donde George Bush dio el sí presidencial al contrato a pesar de que su ex director de Presupuesto, Mitch Daniels, dijera que era 'irresponsable'.

El punto de vista de Daniels lo han compartido otros órganos técnicos. El inspector general del Pentágono aseguraba en un informe que las Fuerza Armadas pueden terminar pagando más a Boeing si los tipos de interés suben o la empresa tiene dificultades financieras. Además, hace notar que el Congreso puede no aprobar la adquisición de los aviones en seis años.

El Pentágono dice que no hay dinero ahora para comprarlos y que la diferencia con el leasing es de apenas unos millones. La Oficina Presupuestaria del Congreso asegura que el leasing puede costar 5.700 millones más que la compra directa.

La acción de McCain ha servido ya para que el inspector del Pentágono abriera ayer una investigación para saber si una ex empleada, Darleen Druyun, que ahora trabaja para compañía, proporcionó a la empresa información sobre las oferta que Airbus presentaba. Según la documentación en manos del senador, en sus comunicaciones con Boeing Druyun había recordado que la oferta de Airbus era entre 5 y 17 millones más barata que la suya.

John McCain (Partido Republicano): El senador 'manos limpias'

Curtido en campañas militares y electorales, el senado John McCain se singulariza en el Senado cada vez que se habla de dinero, de la presión de los lobbies y de los gastos federales.

Y no descansa. McCain, que perdió las primarias del Partido Republicano a favor del actual presidente George Bush, es un conservador que se ha situado frente al presidente en muchas ocasiones y se ha revelado como una piedra en su zapato. No solamente ha hecho dueto en el centro del espectro político con el demócrata Joseph Liberman en sonadas ocasiones, sino que además no tuvo reparo en unirse a su partido, junto con otros republicanos díscolos, en su oposición al inicial recorte de impuestos promovido por Bush.

De estilo directo, este político conservador, nacido en Panamá en 1936, llegó al Senado de EE UU a mediados de los ochenta, después de colgar la chaqueta militar y una intensa rehabilitación necesaria tras su experiencia como prisionero de guerra en Vietnam. Su ideario es muy claro y muy similar al que tienen el resto de los conservadores: un Gobierno pequeño con poco gasto federales.

Pero el senador parece que está más convencido que muchos de sus compañeros y por eso es una voz -como esta vez, casi en solitario- en contra de los gastos que no ve necesarios o de los que sospecha presión para favorecer a determinado sector.