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El 'efecto euro' pasa factura a las grandes compañías

Es un argumento prácticamente generalizado entre la mayor parte de las compañías europeas integrantes del índice Euro Stoxx 50. La debilidad del billete verde americano frente al euro ha mermado significativamente facturaciones y resultados en este semestre.

Ningún analista se atreve a hacer aún valoraciones concretas sobre el alcance real del impacto. Pero por lo que se puede observar ya en las cuentas de resultados publicados el golpe está siendo, cuando menos, severo.

Baste como ejemplo la situación desvelada el pasado viernes por el número tres mundial de la distribución comercial, el grupo holandés Ahold. La multinacional aseguró que la caída del 12,9% en su cifra de ingresos en el primer trimestre se debió 'fundamentalmente a la depreciación del dólar'. Logró unos ingresos de 13.000 millones y aclaró que sin tener en cuenta la caída de la moneda estadounidense sus ingresos hubieran crecido un 2,5%. Un escenario nada propicio para los enormes problemas que tiene la compañía.

El grupo francés Saint Gobain, que registró una caída del 4,6% en sus ingresos y del 8,1% en su beneficio operativo semestral, explicó que sin los efectos de las devaluaciones del dólar y el real brasileño, sus resultados del primer semestre se hubieran situado en línea con los que obtuvo el año pasado.

Incluso el gigante europeo del automóvil, el grupo alemán Volkswagen, sitúa el 'desfavorable efecto de los tipos de cambio' como el segundo punto en importancia -sólo por detrás de la debilidad de la demanda en Europa y Estados Unidos- para explicar la caída del 56,8% que ha registrado en su beneficio operativo. De hecho, asegura que el enorme esfuerzo realizado en la contención de costes durante el semestre se ha visto totalmente compensado con el deterioro de los tipos de cambio.

Por otro lado, Siemens aseguró que en algunas de sus divisiones el impacto negativo en la cifra de resultados llegó a ser de dos dígitos. Sus ventas en los nueve primeros meses de su ejercicio fiscal cayeron un 13% respecto al mismo periodo del año pasado. Sin el efecto dólar, y sin tener en cuenta las ventas y adquisición de empresas, los ingresos únicamente hubieran caído un 8%.

El grupo cementero francés Lafarge cuantifica en un 10,9% el impacto negativo que ha tenido en sus ingresos del segundo trimestre la negativa evolución del dólar. Sus ventas globales en este periodo cayeron un 11,8%. Aunque en España la exposición de las compañías exportadoras a la debilidad del dólar no es muy grande, ya que la mayor parte del comercio exterior español se concentra en Europa, empresas como Repsol, Acerinox, Terra o la propia Telefónica han sentido duramente en sus cuentas la situación que se vive en Estados Unidos.

Por ejemplo, los analistas estiman que por cada 10% de apreciación del euro frente al dólar, Repsol genera 186 millones menos de beneficio bruto.

Pero la solidez que ha demostrada el euro y la perspectiva de que siga demostrándola en los próximos meses, no permite ni a analistas ni a las multinacionales augurar muchas esperanzas de que esta variable pueda corregirse sensiblemente de cara al segundo semestre.

Riesgo de un mayor recorte de costes

Las cifras son elocuentes. El 1 de enero de 2001 un dólar valía 1,061 euros, hoy ese mismo dólar vale 0,878 euros. Sólo desde el 1 de enero de este año la devaluación de la moneda de Estados Unidos ha sido de un 8%.

El efecto inmediato es pérdida de competitividad a raudales en las exportaciones de las empresas europeas frente a las de las americanas. En especial de las alemanas, que tienen en Estados Unidos uno de sus principales mercados.

De persistir esta situación, y nada en el horizonte parece aventurar que las cosas vayan a cambiar, el riesgo es muy grande. Es razonable pensar que las empresas estén tentadas de evitar esta pérdida de competitividad palpable que les genera un dólar fuerte, con recortes de costes de todo tipo: reestructuraciones laborales, deslocalización de fábricas, etc.

Lo más paradójico es que la revalorización del euro no se basa en una ola de confianza del mercado en la economía europea. Más bien obedece a una realidad interna de Estados Unidos. Sus expectativas de crecimiento son menores, ha preferido luchar contra el déficit antes que fortalecer su moneda y la guerra de Irak ha abierto demasiadas incertidumbres de cara al futuro.

Pero aunque la realidad impacta duramente contra la primera y la última línea de las cuentas de resultados de las empresas europeas, la confianza en general en el futuro parece ser grande. Los últimos indicadores apuntan que el optimismo se ha fortalecido respecto a las perspectivas reales de una gradual recuperación del consumo. Los analistas estiman que se está en el principio de la recuperación y se observa un mayor optimismo entre consumidores y fabricantes.

De hecho, los analistas se aventuran a asegurar que descontando elementos extraordinarios, la media de los resultados empresariales del segundo trimestre del ejercicio son buenos. 'Ahora sólo falta esperar a que poco a poco comiencen a mejorar las cifras de ventas', indican.